EL VÍNCULO SECUESTRADOR - SECUESTRADO :

UNA MIRADA DESDE EL SECUESTRADOR

Autores: Magda Yanira Camelo Romero

            Sara Alejandra Vargas Núñez

 

Daniel, el revolucionario convencido

Nuestro primer sujeto de estudio pertenece a un grupo guerrillero de amplia historia y tradición en los límites selváticos del sur de país, especialmente en los departamentos de Meta, Caquetá y en el sur del Tolima. En la estructura general de su discurso, se observa una profunda identificación con los ideales de la lucha a la que se adhirió desde su infancia, afianzada por sus lecturas y su formación intelectual dentro de la cárcel. La actitud del sujeto frente a la investigación fue siempre de colaboración, aunque sus elaboraciones absolutistas no permitían cuestionamientos de fondo a la ideología que sustenta el accionar guerrillero. Más aún, con sus disquisiciones, Daniel muchas veces pretendió mostrar fallas en el discurso psicológico de la investigación. Las charlas transcurrieron siempre en un marco de cordialidad y nuestra presión fue sutil a la hora de obtener algunos datos que el sujeto se negaba a proporcionar. Con todo, la mayoría de los vínculos que el sujeto estableció antes de alzarse en armas constituyen un período oscuro, puesto que fue renuente a hablar sobre sus afectos desligados de la ideología propia de su grupo subversivo.

En líneas generales, la elaboración discursiva de Daniel es coherente, si bien es también absoluta y cerrada : fundamentado en ella pretende dar explicación a todo, tanto a los fenómenos sociales como psicológicos. Por su estructura, la adhesión del sujeto a su ideología se asemeja a la de un creyente con su fe. No se exigen pruebas, ni se piden justificaciones, la ideología es el cuerpo que da sentido a todo el universo psicológico de nuestro sujeto. Dentro de la organización guerrillera como tal, alcanza un cierto nivel de mando, y está a cargo de una comisión cuyo objetivo es recoger fondos que sustenten la lucha armada. Así, el sujeto, aunque asume jurídicamente sólo los nueve secuestros por los que fue condenado, en su discurso deja entrever que cometió muchos más. Es un especialista en realizar acciones de "retención", como él las denomina. Su compromiso con la organización continúa siendo firme, único e incuestionable : el vínculo que le une a la ideología, y gracias al cual es parte de un colectivo, predomina sobre cualquier otra consideración emotiva. Él es, ante todo, un guerrillero. Como datos generales, cabe anotar que el sujeto fue condenado por secuestro, rebelión y asesinato, delitos por los cuales debe pagar una condena de 25 años, de los cuales ya ha cumplido 15. Fue encarcelado cuando tenía 19 años. En el momento de la entrevista cuenta con 34 años.

Los vínculos primarios del sujeto se definen por un entorno hostil y precario, propio de las zonas rurales y deprimidas del país. Hijo de una familia de desplazados, el entorno familiar muestra las características propias de la costumbres violentas que definen la expresión del afecto en estas regiones del país. Daniel ingresa a la guerrilla a una edad temprana, con lo que su funcionamiento afectivo empieza desde muy temprano a desarrollarse ligado a las normas de convivencia propias de los colectivos alzados en armas. Su testimonio corrobora las apreciaciones teóricas (ver Sánchez, 1990) que aseguran que convertirse en guerrillero y tomar las armas es una opción tan válida como dedicarse a las labores del campo, especialmente en las zonas del país en las que la guerrilla mantiene una relación simbiótica con la comunidad.

En términos generales, los conflictos psíquicos propios del desarrollo de los primeros años, que se caracterizan por la búsqueda de una solución satisfactoria para la dicotomía amor-odio de todos los vínculos con objetos de amor, fueron resueltos por el sujeto desplazando la agresividad hacia la figura del Estado-Padre desvalorizado y el afecto hacia la Organización totalmente idealizada. El vínculo con la madre se muestra débil y poco desarrollado, no existen referencias efectivas a que Daniel haya establecido una relación fuerte y satisfactoria con su madre. Los vínculos externos del sujeto comienzan con el inicio temprano de su vida erótica y afectiva, al lado de una muchacha algo mayor que él, en una zona "liberada" por la organización a la que ayudaba pero aún no pertenecía del todo. Este primer momento idealizado es abruptamente roto por la aparición de los estamentos represivos del Estado y tras la tortura y posterior asesinato de su compañera embarazada durante una incursión militar a la zona donde habitaba, el sujeto, incapaz de elaborar el duelo constructivamente, crea una forma defensiva que él mismo denomina "odio moral" que ratifica sus dos desplazamientos iniciales y lo hace empuñar efectivamente el arma. El duelo así establecido sirve como defensa contra la culpa por no haber detenido el asesinato.

Todos los vínculos de amor del sujeto se encuentran signados por este duelo inconcluso. Las relaciones que el sujeto establece con su nueva familia, su esposa y sus hijos, son verdaderas en cuanto pretende asumir su rol de padre y protector, pero no busca la cercanía de sus seres amados, en los términos que Bowlby (1976) propone. Como el único sentimiento de comunidad que conoce es el que lo une a la guerrilla, es incapaz de expresar su afecto con una conducta que busque la compañía. Además, el único vínculo total y absoluto que el sujeto establece es el que lo une a la ideología, que lo define como guerrillero aún después de 15 años de presidio. Con el discurso de la organización a la cual pertenece a establecido una identificación absoluta, a la cual subordina cualquier otra información proveniente del mundo exterior. La consecuencia principal de este hecho es la necesidad psíquica del sujeto de negar la emotividad del otro, incluído su sufrimiento, que se hace evidente en todos los vínculos que Daniel funda a través de la ideología, especialmente el que se establece durante el secuestro.

Daniel establece el vínculo en el secuestro a través de la ideología, utilizando especialmente las armas de racionalización que el discurso marxista-leninista le provee para investir al otro en la relación de objeto. Para él, el secuestrado es un "burgués" cuyos sentimientos no son nada comparados con los del "pueblo" que la lucha armada busca defender. En el escenario del secuestro, sin embargo, el secuestrador debe hacer uso de mecanismos de defensa que le permitan sostener su vínculo primordial con la ideología. El secuestrado, por su parte, busca una figura de autoridad que le asegure protección y de la que requerirá cercanía. Desde su realidad interna, el secuestrado asume un rol, marcado por su situación de desamparo. Al mismo tiempo, atribuye un rol a otro, el rol de protector o de liberador. Esta atribución de roles está marcada por la ideología y la identificación básica del guerrillero con su grupo social no le permite asumir en términos reales el rol que su víctima le impone. Por su parte, el secuestrado no realiza la atribución de rol como la haría en otra situación de su vida, en la que no estuviera en constante amenaza.

Marcado por este sino de in - comunicación, que se define por la imposibilidad de asumir el rol que el otro atribuye, el vínculo en el secuestro no se fundamenta en identificaciones verdaderas, porque no hay aceptación de roles. Existe una disociación en el yo del victimario que busca evitar que se movilicen afectos reprimidos y que se comprometan sentimientos verdaderos en el vínculo. Los aspectos disociados son a) la identificación del plagiario con su ideología, un vínculo totalitario que abarca al secuestrado ; b) la realidad interna del sujeto, que no debe ser tocada bajo ninguna circunstancia.

De estas premisas se define una suerte de "tipología" que le permite a un sujeto convertirse en un secuestrador dentro de la guerrilla. La configuración psíquica de los secuestradores está íntimamente unida a los ideales de la lucha armada y, desde allí, establecen una preparación que, a través de racionalizaciones y disociaciones, les permita ignorar los sufrimientos del "retenido". En este caso, Daniel es capaz de observar fría y distantemente las reacciones de los secuestrado que ha tenido a su cargo, y aunque da cuenta de su propio dolor, es incapaz de identificarlo con los sentimientos del otro. Sobre esta base se establece una relación de doble manipulación, tanto la víctima como su victimario se "miden" en el escenario del secuestro para obtener sus objetivos disimiles : uno el rescate, el otro la libertad.

Tenemos entonces que el vínculo que se establece a lo largo de la situación del secuestro es un vínculo falso, concepto que representa el principal aporte de esta investigación, y que definimos como tal en tanto presenta las siguientes características :

·      La comunicación que se establece entre ambos componentes de la relación objetal primordial (que subyace al vínculo) se encuentra interrumpida por una fuente de "ruido", es decir, de distorsión, que para este caso, es la ideología.

Este vínculo falso se hace evidente en la dinámica que Daniel estableció en un secuestro particular. Primero, se observa que la ideología representa un "cedazo" por el que la realidad pasa y se transforma. A partir de ahí, toda la conducta del plagiario se sustenta en los mandatos de su organización, que inmovilizan cualquier tipo de reacción emotiva.

El sujeto no tipifica como un psicópata, puesto que es capaz de construir vínculos verdaderos o falsos según sean las condiciones de cada situación en particular. Al establecer este tipo de dinámica "selectiva" en sus vínculos, busca mantener su estabilidad interna, que se mantiene siempre sobre la identificación con la ideología a la que pertenece. En términos psicológicos, Daniel concuerda perfectamente con la descripción de los secuestradores duros, los especialistas del secuestro. El vínculo falso que rige su forma de relación con la mayoría de los secuestrados es la expresión de mecanismos defensivos psicopáticos que preservan las cargas emotivas reprimidas dentro del inconsciente del sujeto. En tanto guerrero, asume la soledad que provocan los vínculos falsos convencido de que tras el "Armagedón" que llevará a la destrucción del estado burgués, su vida será absolutamente mejor y feliz. Pero para llegar al Paraíso, se debe pasar primero por un período de expiación. Y el dolor, propio y ajeno, que allí se genera puede ser escamoteado gracias a la fe.

Santiago, el intelectual armado

El segundo sujeto analizado es un individuo amable, alegre y abierto al diálogo. Es bastante popular dentro del círculo carcelario y, por su narración, se deduce que su paso por varios penales le ha enseñado todos los "trucos" de la vida en prisión. A pesar de que no parece una persona agresiva, puede llegar a serlo si tiene la necesidad de defenderse en un medio hostil. No es un secuestrador experto, sus actividades dentro del M - 19, movimiento guerrillero al que perteneció desde la adolescencia, eran de corte político e ideológico y no se relacionaban con acciones armadas. Como parte de un proyecto disidente, luego de la desmovilización del eme, su estructuración ideológica no se limita a una sola corriente de pensamiento, está enfocado en la construcción constante de un discurso ecléctico en el que quepan todas las posturas posibles, una actitud heredada de los ideales de lucha del eme. De la misma forma, su conducta está cargada de los simbolismos que regían las acciones bélicas de la organización a la que pertenecía antes de la entrega de armas, en 1991.

El medio dentro del cual se desarrolla Santiago le marca un camino que él considera una opción de vida. Está inmerso en la izquierda progresista que se abrió paso en las universidades públicas tras el triunfo de la revolución castrista en Cuba. Santiago fue uno de lo muchos jóvenes universitarios que entendían como injusticia social las desigualdades en la distribución de la riqueza y, como consecuencia, terminaron por alzarse en armas. Los nuevos grupos insurgentes que empezaron a surgir con este caudal de intelectuales revolucionarios propuso una nueva filosofía y una nueva metodología para hacer la guerra. Así surgió, entre otros, el M -19, inspirado en una versión idealizada de la filosofía de Bolívar de unidad continental y oposición "anti imperialista".

Santiago pronto hace suyo el plan final del movimiento, que se fundamentaba en una visión alejada de los ideales tradicionales de izquierda. Lo que encontró en el discurso de la organización fue un constructo laxo que buscaba alianzas dentro de todos los grupos de la población y que exigía de sus adeptos la misma profesión de fe que cualquier otro cuerpo totalizante. En el imaginario del sujeto, la ideología de eme era clara y perfecta, no así su estructura militar, a la que no duda en cuestionar. Además, el eme fue un movimiento que fundamentaba su cohesión interna en la identificación de los miembros con los líderes y no con las ideas. Este fue el aspecto que más acercó a Santiago con el grupo guerrillero. A sus 33 años, tras cumplir 6 años de una condena de 25, todavía considera que los ideales que defendió un día sólo pueden consolidarse a través de las armas y por eso no se imagina fuera de una revolución.

Los vínculos primarios del sujeto estuvieron marcados por una dicotomía entre los "liberales - buenos" representados por el padre y los "godos - malos" representados por la madre. Los sentimientos de amor y odio propios de toda relación familiar quedan separados tajantemente, sometidos a la división mítica del mundo infantil de Santiago. Además, el sujeto reseña una fuerte identificación con la figura idealizada del padre. Este proceso se extiende al hecho de asumir como propias características del padre, que son evidentes al establecer contacto con el sujeto : su simpatía y amabilidad son un reflejo del vínculo que todavía lo une con el padre. Igualmente conserva de la figura paterna los ideales propios de una generación de intelectuales que buscaban salvar a todos los desprotegidos, en un afán altruista que se explica por la necesidad de proyectar en el afuera los sentimientos agresivos que se generan contra las figuras de autoridad de la infancia.

Los componentes agresivos de la relación edípica se encuentran aquí proyectados en la figura del Estado - Padre de orientación derechista. El vínculo con la madre, de otro lado, aparece marcado por la dualidad entre los sentimientos amorosos y agresivos, que se derivan de las actividades conservadoras y la filiación política de ella y su familia. Santiago abandona la casa materna para irse a vivir con las tías, hermanas del padre, en una acción que puede leerse como el desplazamiento del vínculo con características edípicas fuera de la tríada habitual (padre, madre, hijo). Las malas relaciones con la madre se reelaboran y son luego el fundamento que justifica la división mítica de su mundo : todo lo malo en su vida parece tener un nexo con la madre. Luego del divorcio de los padres, el sujeto toma partido por el padre y ratifica su identificación con los rasgos contestatarios de su actividad política.

Los únicos vínculos verdaderamente emotivos que el sujeto evidencia en su historia se limitan al núcleo familiar. En contraste, Santiago parece incapaz de establecer lazos de este tipo fuera del círculo cerrado de su familia. Sus relaciones amorosas están muy ligadas al estereotipo "hippie" del amor libre y sin compromisos, lo que demuestra su incapacidad para relacionarse con los individuos que le atribuyen roles. Su postura intelectual frente al amor da cuenta de una racionalización que justifica su forma impersonal de establecer los vínculos eróticos, además que expresa un componente narcisista en la personalidad del sujeto. Diferencia en el mundo los amores necesarios de los militantes y, mientras vivencia los segundos con la distancia emocional que le proporciona la ideología, su único amor necesario está inmerso en la culpa que no puede elaborar en sus vínculos cotidianos. Enamorado de una mujer que encarna el estereotipo "godo" que odia nuestro sujeto, establece con ella un vínculo condenado a la tragedia tras una reelaboración culpable al corte de Romeo y Julieta, en la que el juego de odio y amor se encuentra escindido y no consigue un camino de reparación en el inconsciente. Santiago es incapaz de asumir la ambivalencia propia de las relaciones de amor, el afecto y el odio son absolutos. Sobre esta división mítica se instaura la ideología, que sirve además para explicar racionalmente todas las emociones.

Santiago asume el secuestro dentro de la óptica que ha hecho suya gracias a la identificación con los ideales del eme. Inclinado desde siempre por la vida militar e identificado con los ideales paternos de "lucha social", la búsqueda de un conglomerado revolucionario comienza bien pronto en su vida de adolescente. Tras un primer contacto con otro grupo guerrillero, el eme lo "busca" y lo selecciona como uno de los elegidos. De ahí en adelante, la historia del sujeto se desdibuja en la historia de la organización, con la que se siente totalmente unido. Al principio, por la juventud del sujeto y sus compañeros, muchas de las actividades de entrenamiento dentro de la organización se entendían como un juego y los resultados que se obtenían eran asumidos como un triunfo en una confrontación absoluta. En la medida que Santiago asciende dentro de la estructura jerárquica del movimiento, ratifica su proyección de los sentimientos agresivos en el mundo externo, lo que le permite identificarse todavía más con la historia del eme. Sobre esa identificación "histórica" comienzan a surgir todos los demás vínculos que lo unen con el mundo exterior. Las nuevas relacionas que establece como parte de su trabajo "diplomático" en Europa fueron entendidas como un medio para obtener posición política y no tenían un fin en sí mismas.

El enemigo de Santiago en su lucha era aquel que le delimitaba la organización. Sin embargo, en la cotidianidad se desdibujan las fronteras del enemigo, quien termina convertido en un individuo "malo" que se comporta "mal" según una cierta medida establecida por la organización. El secuestro aparece aquí como expresión de una guerra comunitaria del tipo "Robin Hood", pues al quitarle a los "ricos" que se portan mal se asegura un espacio para los "pobres". Si bien el eme se especializó en secuestros espectaculares, también se preciaba de no secuestrar masivamente, sino de extraer sus recursos de negocios legales, cuyo capital inicial se obtenía, eso sí, de este tipo de actividades revolucionarias (secuestros, boleteo, etc.)

Para Santiago, el nuevo movimiento del que pretende ser "miembro fundador" se convierte en el nuevo parapeto de seguridad tras la desmovilización del eme, proceso que no pudo asumir constructivamente. Como grupo en formación, esta disidencia se plantea el problema de la financiación y asume las mismas premisas que los demás grupos armados : se puede secuestrar a los malos, a los burgueses, para que con su dinero ayuden a pagar la lucha por la liberación.

Incluso el sujeto elabora desde esta premisa el secuestro de un tío materno, quien fue "bien secuestrado" porque tenía ese tipo de personalidad "godísima" contra la que lucha Santiago. Sin embargo, a pesar de la racionalización constante del delito y de la asunción de la validez de la "retención", nuestro sujeto reconoce un conflicto entre sus principios y el secuestro como acción en sí. Ya que los ideales a los que se ha adscrito no son impositivos ni radicales, resulta que su identificación con ellos es una ratificación narcisista de su propio yo. Los conceptos que Santiago defiende están basados en unos preceptos de "libertad, igualdad, fraternidad" que contradicen la situación denigrante que vivencia la víctima en el secuestro y que él dice reconocer. Sólo la fe en el llamado revolucionario le permite establecer una distancia en la relación con su víctima. Santiago reconoce que se le está atribuyendo un rol y sabe que no puede asumirlo, por lo que debe ejercer un control racional sobre la situación para no ceder.

Para terminar, podemos decir que tenemos aquí un sujeto que se ajusta a las características descritas por Knutson (citada por Meluk, 1998) para los secuestradores blandos, y los rasgos narcisistas de su personalidad nos permiten ubicarlo dentro del "Síndrome de Ícaro". No tolera bien la frustración y sus vínculos son altamente defensivos, para evitar comprometer emociones que se traduzcan en sentimientos dolorosos. La forma en que establece su vínculo con la secuestrada es una muestra de lo invasivo de su mundo interior, que no le permite identificarse plenamente con el sufrimiento del otro, aunque lo reconoce y sabe de su existencia.

REGRESA

CONCLUSIONES

 

 

               

               

              

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Jueves, 15 de Marzo de 2007