EL VÍNCULO SECUESTRADOR - SECUESTRADO :

UNA MIRADA DESDE EL SECUESTRADOR

 

Autores: Magda Yanira Camelo Romero

            Sara Alejandra Vargas Núñez

La realidad social que a cada uno nos toca en suerte determina la forma en que se asumen los procesos de investigación. La violencia, en tanto denominador común del devenir histórico de nuestra sociedad, se constituye en un espacio de análisis complejo en el que la pertinencia del trabajo psicológico se sustenta en la intención de dilucidar las razones que fundamentan la adopción de formas violentas de convivencia. Los móviles psíquicos e inconscientes de la conducta humana en sociedad no han sido suficientemente explicados y son un campo de investigación en el que se une la cuestión individual con la problemática social. En este trabajo se asume la posición de Fromm (1945) sobre la concatenación histórica que une al individuo y a su sociedad, de la que se desprende que para entender a un individuo se requiere conocer su contexto social, de la misma forma en que la experiencia individual da cuenta de una cierta forma de asumir la vida en comunidad.

Enmarcado en la violencia, el secuestro extorsivo se ha convertido en una de las principales fuentes de lucro económico y poder social de los grupos alzado en armas y de algunas formas delincuenciales. Como fenómeno social, este tipo de delito conlleva una dinámica específica que implica un vínculo violento y que violenta tanto a la víctima como al victimario, atravesando todas las perspectivas de recuperación tras la traumática experiencia del secuestro. La investigación partió de la premisa de que el secuestro extorsivo genera una relación particular entre el secuestrado y el secuestrador, que no se presenta en ningún otro delito. Mientras que un ladrón o un homicida establecen una relación presencial momentánea y poco duradera con su víctima, el secuestrador convive con ella en un ambiente común durante un tiempo que puede variar desde unos pocos días a varios años. La hipótesis central del trabajo es que el establecimiento de la relación en el secuestro está cargada de falsedad, en tanto el victimario parece relacionarse con un objeto y no con otro ser humano.

El secuestro es una pequeña batalla que se libra en el marco de una confrontación armada más general. Tenemos entonces que, como todo enfrentamiento, el secuestro es un escenario que genera sufrimiento, pues implica para la víctima el verse alejada de su nicho social y afectivo, con la amenaza constante de muerte o de menoscabo de su integridad. Para el victimario, por su parte, las condiciones del delito demarcan un territorio que implica la imposibilidad de compadecerse por el dolor que la situación, y por extensión él mismo, infringen en un individuo que está a su cargo y sin embargo no puede ser vivenciado como un "alter ego". La forma particular como el secuestrador maneja la situación del secuestro y establece un vínculo con su víctima está marcada por las estrategias que utiliza para maniobrar psíquicamente con el dolor y el sufrimiento propio y de su víctima.

El vínculo entre el secuestrador y el secuestrado, como tal, se centra en dos actores principales : el sujeto activo y su víctima pasiva. Con todo, la literatura sobre las condiciones psíquicas del secuestrador no es demasiado extensa (Pulido, 1988, Gerlein y Ruiz, 1997). Las conclusiones básicas de estas investigaciones indican que el imaginario particular que cada secuestrador ha elaborado sobre su delito depende, en buena medida, al grupo delictivo para el cual cometió la acción. Así, mientras los secuestradores que se ubican dentro de la categoría de "delincuencia común" son delincuentes habituales, que buscan en el secuestro una forma "fácil y rápida" de obtener dinero, los guerrilleros se escudan en su ideología y se aferran a sus principios marxistas para justificar sus acciones. En ningún grupo se presenta una elaboración culposa sobre el delito, puesto que dentro del común de los secuestradores su accionar no es lesivo para la sociedad ni para el individuo. En sus propias palabras, son peores las violaciones o los homicidios.

Según Knutson (citada por Meluk, 1998) existen dos tipos básicos de secuestradores :

·      los secuestradores duros, quienes cometen deliberadamente el delito, son fríos y calculadores y tienden a convertirse en especialistas del secuestro por su capacidad para apartarse del sufrimiento del otro. Buscan distanciarse de la angustia que generan en la víctima y son hábiles para manipular las emociones del secuestrado en su propio beneficio. No dudarían en asesinar al secuestrado o en manipularlo psíquicamente para obtener el control de la situación del secuestro.

De otra parte, el secuestrado necesita la compañía de sus captores porque es una conducta instintiva buscar la protección de quien parece poderoso cuando un individuo se encuentra en una situación de indefensión y se enfrenta al sufrimiento. El Síndrome de Estocolmo es la reacción más conocida del secuestrado hacia su captor. Se presenta cuando la víctima se identifica con su agresor, asumiendo la responsabilidad de la agresión, imitando algún aspecto físico o moral del secuestrador o adoptando sus símbolos de poder (Skurnik, citado por Meluk, 1998). En tanto mecanismo de defensa, el Síndrome de Estocolmo es inconsciente y cualquier conducta que de él se derive no depende de la intencionalidad ni de la víctima ni del victimario. Además, para que realmente exista este Síndrome, los sentimientos positivos del secuestrado hacia su captor deben ser recíprocos, es decir, el secuestrador debe reconocer también a un sujeto en su víctima. Si, por el contrario, los secuestrados manifiestan empatía por sus captores con la intención de manipularlos y controlar su situación angustiosa, no se está apelando a un mecanismo de defensa.

¿Por qué nos interesa el vínculo que se establece entre estos dos actores ? En términos generales, esperábamos encontrar la razón que justifica que ciertos individuos se decidan a secuestrar como parte de la lucha que libran dentro de un contexto que ellos mismos definen como revolucionario. Aparece entonces la imagen del guerrero, entendido como un individuo que considera que el empuñar un arma es el medio más efectivo para solucionar ciertos conflictos. El secuestro se inscribe en la guerra revolucionaria como una herramienta que cumple con un doble propósito. Por un lado, genera recursos que le aseguran a los grupos armados el financiamiento indefinido de su gesta "épica" por la "liberación de los oprimidos". Por otro, establece un nicho de control sustentado en el miedo que les proporciona un cierto grado de poder dentro de la sociedad. Pero la "revolución" tiene un marco general que define lo que cada miembro del grupo piensa sobre el entorno. Este contexto no es otro que la ideología marxista, que define los enemigos, los métodos y los fines del acto efectivo de asir un arma y agredir con ella todo un sistema de cosas, encarnado en los conciudadanos.

El principio de abordaje de esta variable que afecta el problema del secuestro se sustentó en los postulados de Fromm (1945) sobre la individuación, en tanto proceso que separa a los seres humanos de sus vínculos primarios y los arroja solos a enfrentarse con el mundo. La "soledad moral" provoca, entonces, que el sujeto busque en las ideologías absolutistas el sostén emocional que pierde cuando se separa de su grupo primario, esto es, de la familia, en cuyo seno encuentra respaldo para sus acciones y un objetivo que defina su existencia.

Las ideologías, en tanto sistemas de pensamiento totalitarios que pretenden explicar el mundo y contestar todas las preguntas, surgen como respuesta a las necesidades psicológicas de un individuo pero, cuando adquieren suficiente fuerza y responden a una motivación efectiva, articulan en sí mismas tanto lo individual como lo colectivo. Al contestar positivamente todas las dudas de un sujeto, las ideologías aseguran que desaparecerá la incertidumbre propia de la vida y le hacen formar parte de un colectivo en el que tiene un lugar determinado y unas funciones que definen su papel como "actor social". La ideología marxista, en la que se inscribe el secuestro extorsivo que realiza la guerrilla, funciona bajo estos principios básicos de totalidad que completa al individuo y justifica su conducta dentro de un marco explicativo que "disfraza" la realidad.

El principio básico de la ideología marxista que han adoptado los grupos guerrilleros es que la historia se ha definido por una confrontación tácita entre dos grupos definidos. Según esta idea, el mundo se ha desarrollado en medio de una guerra. Además, la guerra es un escenario en el que un colectivo puede reafirmar la cohesión que le otorga la ideología. Para LeShan (1992), en la guerra la vida cobra un renovado sentido, dentro de ella se expresan las habilidades individuales y se establece un nuevo orden vital que resignifica el mundo, a los otros y al enemigo. Cuando se declara una guerra, la ética, la moral, la forma como se percebe la realidad dentro de un colectivo se desplaza a una forma mítica de funcionamiento, es decir, a una estructura de pensamiento absoluto en la que los grises de la realidad sensorial se transforman en oposiciones entre blanco y negro. Este tipo de pensamiento se caracteriza así, según el mismo autor :

·      Es una situación que funciona como un mito, que se reduce a la oposición entre Nosotros y Ellos.

"Nosotros" somos seres individuales, pero ninguno puede mostrar simpatía o promover acercamiento hacia "Ellos", porque entonces es un traidor.

Las ideologías de corte marxista cuadran muy bien dentro de la elaboración mítica de la realidad, porque invisten al trabajador-proletario-explotado como el héroe de una fábula que culminará con el "fin de la historia", cuando sea derrotado el capitalista-burgués-explotador. La sociedad que se obtendrá será perfecta, sin clases, ni diferencias sociales. La lucha que se desarrollará para llegar hasta esa meta será dura y sin cuartel, el enemigo a derrotar es la "burguesía", concepto vacuo dentro del que cabe un sinnúmero de individuos que terminan incluidos en el conflicto sin saberlo. Cuando un sujeto adopta la vida guerrillera renuncia a su vida anterior, el nuevo colectivo al que pertenece se convierte en el sentido de su vida, hasta le restituye un "nombre", un linaje renovado y adopta como propios los enemigos que la ideología le indica. Al ser uno con la totalidad, el otro no es el "prójimo", sino un adversario que debe ser destruido para asegurar la vigencia del todo y, por extensión, del guerrillero mismo. El sufrimiento típico de las confrontaciones armadas queda también justificado, dentro de la estructuración discursiva de la lucha el dolor ocupa un lugar que le impide al guerrero cuestionar éticamente su accionar : la guerra es dolorosa, pero necesaria para obtener el fin del bienestar común.

Para entender la dinámica psicológica que subyace al vínculo entre secuestrador y secuestrado nos ubicamos en la corriente psicodiámica de las relaciones objetales. Bajo este constructo, asumimos que desde el momento mismo en que ingresamos al mundo estamos estableciendo relaciones con los objetos que nos rodean. Nuestra idea de la realidad se forma a partir de los nexos que construimos con las entidades del entorno y que definimos como "objetos" en oposición al sujeto que se estructura en la medida que puede diferenciar la realidad externa de la realidad interna (Rabinovich, 1988). Las relaciones de objeto se entienden como "el modo de relación del sujeto con su mundo, relación que es el resultado complejo y total de una determinada organización de la personalidad, de una aprehensión más o menos fantaseada de los objetos y de unos tipos de defensa predominantes" (Laplanche & Pontalis, 1993). El vínculo es una relación particular entre un sujeto y un objeto, en la que se establece una conducta fija con este objeto que tiende a repetirse automáticamente (Pichón - Riviere, 1956). Cuando un sujeto establece una nueva relación vincular, los vínculos anteriores se movilizan nuevamente y se expresan a través de la conducta que define al nuevo vínculo.

Los componentes básicos del vínculo, además de la conducta observable, son :

·      el "rol", entendido como el papel, el libreto, que se desempeña en una relación y que es siempre atribuido por otro. El juego del vínculo consiste en las atribuciones constantes y recíprocas de roles.

Los vínculos pueden ser buenos o malos, según las relaciones con el mundo exterior sean satisfactorias o frustrantes. En términos generales, la patología del vínculo define la patología del individuo y, ya que existen muchas formas de relación posible entre un sujeto y los objetos de su entorno, existen muchos tipos de vínculo. La teoría define, además, la despersonalización del vínculo como un afán defensivo de aquellas personalidades que procuran negar un vínculo que empieza a tomar tintes peligrosos para el equilibrio emocional del mundo interno, generalmente cuando movilizan sentimientos dolorosos previamente reprimidos. Es una tentativa de pérdida del ser, de no asumir la responsabilidad emotiva que implica comprometerse en un vínculo. Por su dinámica, todo vínculo que se establece a lo largo de la vida deviene secundario de un vínculo primitivo que es de carácter inconsciente y puede hacerse evidente a través de conductas irracionales, que el sujeto no puede explicar. Así, los vínculos que se establecen en situaciones de intenso compromiso emocional reviven la forma en que el sujeto elaboró sus primeros vínculos con el mismo contenido.

El trabajo de campo de la investigación se sustentó en la metodología de la historia de vida, historia oral o método biográfico. Esta herramienta de trabajo, fundamentalmente utilizada por los antropólogos y sociólogos, resulta importante para rescatar la emotividad que puede perderse al aplicar inventarios o pruebas rígidas y estandarizadas. La premisa principal de este método parte de la idea de que, para adentrarse en el funcionamiento de los seres humanos, nada mejor que el trabajo con otro ser humano. En esa nueva relación que se establece con el otro salen a flote emociones, sentimientos y pensamientos que conforman un universo subjetivo individual que pueden dar cuenta de cómo funciona la sociedad en términos estructurales o simbólicos (Bertaux, 1980). El resultado de la aplicación de esta herramienta, sustentada en sucesivas "entrevistas en profundidad" (Taylor y Bogdan, 1992), es una construcción conjunta entre el investigador y los sujetos del estudio que reúne las vivencias de los segundos con el aporte teórico de los primeros.

Los sujetos seleccionados para el estudio tuvieron características muy claras. Por una parte, debían haber sido procesados y condenados por secuestro extorsivo y encontrarse cumpliendo su condena. En segundo lugar, debían reconocer plenamente su participación en el delito y haber realizado una elaboración psicológica alrededor del hecho. Y, finalmente, se buscaba que los entrevistados hubieran pertenecido al equipo que custodió al (o los) secuestrados (s) durante su cautiverio. Estas características fueron definidas con la intención de a) encontrar sujetos que efectivamente hubieran establecido un vínculo con los secuestradores ; b) maximizar la calidad de las entrevistas a través de un discurso elaborado previamente por los sujetos sobre la validez de su delito ; c) sortear los escollos propios de los procesos judiciales, puesto que durante este período del enfrentamiento del sujeto con la ley cualquier información que provea es susceptible de afectar su futura condena.

Luego del trabajo de campo se perfilaron dos testimonios particulares, los más representativos de la problemática vincular que se pretendía estudiar. El análisis de estas dos historias de vida se sustentó en una propuesta basada en los siguientes puntos :

·      Descripción general de los vínculos primarios del sujeto, es decir, de la comunidad inicial o familiar de la que provenía. Se incluyen aquí los vínculos afectivos actuales, en contraposición al vínculo con la organización armada.

Elaboración de una síntesis conclusiva que reuniese el recorrido del vínculo a lo largo de todos los aspectos analizados.

Expondremos, someramente, los resultados de este análisis de los testimonios obtenidos.

REGRESA

CONTINÚA

 

 

               

               

              

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Jueves, 15 de Marzo de 2007