EL
VÍNCULO SECUESTRADOR - SECUESTRADO :
UNA
MIRADA DESDE EL SECUESTRADOR
Autores:
Magda
Yanira Camelo Romero
La realidad social que a cada
uno nos toca en suerte determina la forma en que se asumen los procesos de
investigación. La violencia, en tanto denominador común del devenir histórico
de nuestra sociedad, se constituye en un espacio de análisis complejo en el que
la pertinencia del trabajo psicológico se sustenta en la intención de
dilucidar las razones que fundamentan la adopción de formas violentas de
convivencia. Los móviles psíquicos e inconscientes de la conducta humana en
sociedad no han sido suficientemente explicados y son un campo de investigación
en el que se une la cuestión individual con la problemática social. En este
trabajo se asume la posición de Fromm
(1945) sobre la concatenación histórica que une al individuo y a su sociedad,
de la que se desprende que para entender a un individuo se requiere conocer su
contexto social, de la misma forma en que la experiencia individual da cuenta de
una cierta forma de asumir la vida en comunidad.
Enmarcado en la violencia, el
secuestro extorsivo se ha convertido en una de las principales fuentes de lucro
económico y poder social de los grupos alzado en armas y de algunas formas
delincuenciales. Como fenómeno social, este tipo de delito conlleva una dinámica
específica que implica un vínculo violento y que violenta tanto a la víctima
como al victimario, atravesando todas las perspectivas de recuperación tras la
traumática experiencia del secuestro. La investigación partió de la premisa
de que el secuestro extorsivo genera una relación particular entre el
secuestrado y el secuestrador, que no se presenta en ningún otro delito.
Mientras que un ladrón o un homicida establecen una relación presencial momentánea
y poco duradera con su víctima, el secuestrador convive con ella en un ambiente
común durante un tiempo que puede variar desde unos pocos días a varios años.
La hipótesis central del trabajo es que el establecimiento de la relación en
el secuestro está cargada de falsedad, en tanto el victimario parece
relacionarse con un objeto y no con otro ser humano.
El secuestro es una pequeña
batalla que se libra en el marco de una confrontación armada más general.
Tenemos entonces que, como todo enfrentamiento, el secuestro es un escenario que
genera sufrimiento, pues implica para la víctima el verse alejada de su nicho
social y afectivo, con la amenaza constante de muerte o de menoscabo de su
integridad. Para el victimario, por su parte, las condiciones del delito
demarcan un territorio que implica la imposibilidad de compadecerse por el dolor
que la situación, y por extensión él mismo, infringen en un individuo que está
a su cargo y sin embargo no puede ser vivenciado como un "alter ego".
La forma particular como el secuestrador maneja la situación del secuestro y
establece un vínculo con su víctima está marcada por las estrategias que
utiliza para maniobrar psíquicamente con el dolor y el sufrimiento propio y de
su víctima.
El vínculo entre
el secuestrador y el secuestrado, como tal, se centra en dos actores principales :
el sujeto activo y su víctima pasiva. Con todo, la literatura sobre las
condiciones psíquicas del secuestrador no es demasiado extensa (Pulido,
1988, Gerlein
y Ruiz, 1997). Las conclusiones básicas de estas investigaciones
indican que el imaginario particular que cada secuestrador ha elaborado sobre su
delito depende, en buena medida, al grupo delictivo para el cual cometió la
acción. Así, mientras los secuestradores que se ubican dentro de la categoría
de "delincuencia común" son delincuentes habituales, que buscan en el
secuestro una forma "fácil y rápida" de obtener dinero, los
guerrilleros se escudan en su ideología y se aferran a sus principios marxistas
para justificar sus acciones. En ningún grupo se presenta una elaboración
culposa sobre el delito, puesto que dentro del común de los secuestradores su
accionar no es lesivo para la sociedad ni para el individuo. En sus propias
palabras, son peores las violaciones o los homicidios.
Según
Knutson
(citada por Meluk, 1998) existen dos tipos básicos de secuestradores :
·
los
secuestradores duros,
quienes cometen deliberadamente el delito, son fríos y calculadores y tienden a
convertirse en especialistas del secuestro por su capacidad para apartarse del
sufrimiento del otro. Buscan distanciarse de la angustia que generan en la víctima
y son hábiles para manipular las emociones del secuestrado en su propio
beneficio. No dudarían en asesinar al secuestrado o en manipularlo psíquicamente
para obtener el control de la situación del secuestro.
los
secuestradores blandos,
quienes no deshumanizan a sus víctimas y se compadecen de la situación del
cautivo y del dolor de la familia, por lo que realizan un enorme gasto
psicológico cuando se enfrentan a la situación particular del secuestro.
Vacilarían a la hora de ajusticiar a la víctima ante un intento de fuga o
de rescate, casi nunca tienen antecedentes penales y su personalidad no
tiende a la violencia. Son idealistas, creen en sus objetivos y por eso se
defienden con que "el fin justifica los medios". En la literatura
se ha tipificado el "Síndrome de Ícaro " para referirse a
estos sujetos, cuya personalidad tiene componentes narcisistas y, por lo
tanto, pueden definirse como soñadores en potencia que luchan por no
estrellarse contra la realidad.
De
otra parte, el secuestrado necesita la compañía de sus captores porque es una
conducta instintiva buscar la protección de quien parece poderoso cuando un
individuo se encuentra en una situación de indefensión y se enfrenta al
sufrimiento. El Síndrome de Estocolmo es la reacción más conocida del
secuestrado hacia su captor. Se presenta cuando la víctima se identifica con su
agresor, asumiendo la responsabilidad de la agresión, imitando algún aspecto físico
o moral del secuestrador o adoptando sus símbolos de poder (Skurnik,
citado por Meluk, 1998). En tanto mecanismo de defensa, el Síndrome de
Estocolmo es inconsciente y cualquier conducta que de él se derive no depende
de la intencionalidad ni de la víctima ni del victimario. Además, para que
realmente exista este Síndrome, los sentimientos positivos del secuestrado
hacia su captor deben ser recíprocos, es decir, el secuestrador debe reconocer
también a un sujeto en su víctima. Si, por el contrario, los secuestrados
manifiestan empatía por sus captores con la intención de manipularlos y
controlar su situación angustiosa, no se está apelando a un mecanismo de
defensa.
¿Por
qué nos interesa el vínculo que se establece entre estos dos actores ? En
términos generales, esperábamos encontrar la razón que justifica que ciertos
individuos se decidan a secuestrar como parte de la lucha que libran dentro de
un contexto que ellos mismos definen como revolucionario. Aparece entonces la
imagen del guerrero, entendido como un individuo que considera que el empuñar
un arma es el medio más efectivo para solucionar ciertos conflictos. El
secuestro se inscribe en la guerra revolucionaria como una herramienta que
cumple con un doble propósito. Por un lado, genera recursos que le aseguran a
los grupos armados el financiamiento indefinido de su gesta "épica"
por la "liberación de los oprimidos". Por otro, establece un nicho de
control sustentado en el miedo que les proporciona un cierto grado de poder
dentro de la sociedad. Pero la "revolución" tiene un marco general
que define lo que cada miembro del grupo piensa sobre el entorno. Este contexto
no es otro que la ideología marxista, que define los enemigos, los métodos y
los fines del acto efectivo de asir un arma y agredir con ella todo un sistema
de cosas, encarnado en los conciudadanos.
El
principio de abordaje de esta variable que afecta el problema del secuestro se
sustentó en los postulados de Fromm (1945) sobre la individuación, en tanto
proceso que separa a los seres humanos de sus vínculos primarios y los arroja
solos a enfrentarse con el mundo. La "soledad moral" provoca,
entonces, que el sujeto busque en las ideologías absolutistas el sostén
emocional que pierde cuando se separa de su grupo primario, esto es, de la
familia, en cuyo seno encuentra respaldo para sus acciones y un objetivo que
defina su existencia.
Las
ideologías, en tanto sistemas de pensamiento totalitarios que pretenden
explicar el mundo y contestar todas las preguntas, surgen como respuesta a las
necesidades psicológicas de un individuo pero, cuando adquieren suficiente
fuerza y responden a una motivación efectiva, articulan en sí mismas tanto lo
individual como lo colectivo. Al contestar positivamente todas las dudas de un
sujeto, las ideologías aseguran que desaparecerá la incertidumbre propia de la
vida y le hacen formar parte de un colectivo en el que tiene un lugar
determinado y unas funciones que definen su papel como "actor social".
La ideología marxista, en la que se inscribe el secuestro extorsivo que realiza
la guerrilla, funciona bajo estos principios básicos de totalidad que completa
al individuo y justifica su conducta dentro de un marco explicativo que
"disfraza" la realidad.
El
principio básico de la ideología marxista que han adoptado los grupos
guerrilleros es que la historia se ha definido por una confrontación tácita
entre dos grupos definidos. Según esta idea, el mundo se ha desarrollado en
medio de una guerra. Además, la guerra es un escenario en el que un colectivo
puede reafirmar la cohesión que le otorga la ideología. Para LeShan
(1992), en la guerra la vida cobra un renovado sentido, dentro de ella se
expresan las habilidades individuales y se establece un nuevo orden vital que
resignifica el mundo, a los otros y al enemigo. Cuando se declara una guerra, la
ética, la moral, la forma como se percebe la realidad dentro de un colectivo se
desplaza a una forma mítica de funcionamiento, es decir, a una estructura de
pensamiento absoluto en la que los grises de la realidad sensorial se
transforman en oposiciones entre blanco y negro. Este tipo de pensamiento se
caracteriza así, según el mismo autor :
·
Es
una situación que funciona como un mito, que se reduce a la oposición entre
Nosotros y Ellos.
"Nosotros"
defendemos el bien absoluto y ganaremos esta confrontación porque
"Ellos" son el mal, la encarnación de todo lo que no funciona en
la humanidad.
La
percepción del tiempo se modifica en términos del vencedor : el que
gane esta lucha ganará para siempre. Después del tiempo de la confrontación
ya nada será igual y no existirá la necesidad de luchar, porque el mal
habrá sido derrotado. Viviremos "felices para siempre".
"Nosotros"
somos los defensores del bien, el cosmos y su "fuerza universal"
están de nuestro lado. El bien siempre gana y por eso "nosotros"
ganaremos.
"Nosotros"
estamos motivados por encumbrados ideales, defendemos el Bien de la maldad
de "Ellos". Las motivaciones de "Ellos" son siempre
oscuras y se fundamentan en su intrínseca maldad.
La
confrontación soluciona todos los problemas. Las causas que se ubican míticamente
en el origen del conflicto son la base única y absoluta de todos los demás.
"Ellos"
son un conjunto unificado y masificado, no tienen individualidad. Todos
piensan y sienten lo mismo, "Nosotros" luchamos contra un bloque
compacto, no contra individuos.
Las acciones que "Nosotros" llevamos a cabo se justifican porque la confrontación es en realidad una cruzada contra la maldad. Las acciones de "Ellos", sin importar que sean iguales a las que "Nosotros" hemos hecho, son malas y deben denunciarse, cuestionarse y criticarse.
"Nosotros" somos seres individuales, pero ninguno puede mostrar simpatía o promover acercamiento hacia "Ellos", porque entonces es un traidor.
Las
ideologías de corte marxista cuadran muy bien dentro de la elaboración mítica
de la realidad, porque invisten al trabajador-proletario-explotado como el héroe
de una fábula que culminará con el "fin de la historia", cuando sea
derrotado el capitalista-burgués-explotador. La sociedad que se obtendrá será
perfecta, sin clases, ni diferencias sociales. La lucha que se desarrollará
para llegar hasta esa meta será dura y sin cuartel, el enemigo a derrotar es la
"burguesía", concepto vacuo dentro del que cabe un sinnúmero de
individuos que terminan incluidos en el conflicto sin saberlo. Cuando un sujeto
adopta la vida guerrillera renuncia a su vida anterior, el nuevo colectivo al
que pertenece se convierte en el sentido de su vida, hasta le restituye un
"nombre", un linaje renovado y adopta como propios los enemigos que la
ideología le indica. Al ser uno con la totalidad, el otro no es el "prójimo",
sino un adversario que debe ser destruido para asegurar la vigencia del todo y,
por extensión, del guerrillero mismo. El sufrimiento típico de las
confrontaciones armadas queda también justificado, dentro de la estructuración
discursiva de la lucha el dolor ocupa un lugar que le impide al guerrero
cuestionar éticamente su accionar : la guerra es dolorosa, pero necesaria
para obtener el fin del bienestar común.
Para
entender la dinámica psicológica que subyace al vínculo entre secuestrador y
secuestrado nos ubicamos en la corriente psicodiámica de las relaciones
objetales. Bajo este constructo, asumimos que desde el momento mismo en que
ingresamos al mundo estamos estableciendo relaciones con los objetos que nos
rodean. Nuestra idea de la realidad se forma a partir de los nexos que
construimos con las entidades del entorno y que definimos como
"objetos" en oposición al sujeto que se estructura en la medida que
puede diferenciar la realidad externa de la realidad interna (Rabinovich, 1988).
Las relaciones de
objeto se entienden como "el modo de relación del sujeto con su
mundo, relación que es el resultado complejo y total de una determinada
organización de la personalidad, de una aprehensión más o menos fantaseada de
los objetos y de unos tipos de defensa predominantes" (Laplanche &
Pontalis, 1993). El vínculo es una relación particular entre un sujeto y un
objeto, en la que se establece una conducta fija con este objeto que tiende a
repetirse automáticamente (Pichón
- Riviere, 1956). Cuando un sujeto establece una nueva relación
vincular, los vínculos anteriores se movilizan nuevamente y se expresan a través
de la conducta que define al nuevo vínculo.
Los
componentes básicos del vínculo, además de la conducta observable, son :
·
el
"rol", entendido como el papel, el libreto, que se desempeña en una
relación y que es siempre atribuido por otro. El juego del vínculo consiste en
las atribuciones constantes y recíprocas de roles.
la
comunicación, en tanto espacio en el que se establece la relación dialéctica
entre el mundo interno y el mundo externo. Una buena comunicación del
sujeto con el mundo exterior dependen de que se asuma el rol que le es
atribuido desde afuera.
los
mecanismos de defensa, especialmente la
identificación, que definen la forma en que el sujeto asume los
roles que le son propuestos y la calidad de la comunicación que establece
con el mundo externo.
Los
vínculos pueden ser buenos o malos, según las relaciones con el mundo exterior
sean satisfactorias o frustrantes. En términos generales, la patología del vínculo
define la patología del individuo y, ya que existen muchas formas de relación
posible entre un sujeto y los objetos de su entorno, existen muchos tipos de vínculo.
La teoría define, además, la despersonalización
del vínculo como un afán defensivo de aquellas personalidades que
procuran negar un vínculo que empieza a tomar tintes peligrosos para el
equilibrio emocional del mundo interno, generalmente cuando movilizan
sentimientos dolorosos previamente reprimidos. Es una tentativa de pérdida del
ser, de no asumir la responsabilidad emotiva que implica comprometerse en un vínculo.
Por su dinámica, todo vínculo que se establece a lo largo de la vida deviene
secundario de un vínculo primitivo que es de carácter inconsciente y puede
hacerse evidente a través de conductas irracionales, que el sujeto no puede
explicar. Así, los vínculos que se establecen en situaciones de intenso
compromiso emocional reviven la forma en que el sujeto elaboró sus primeros vínculos
con el mismo contenido.
El trabajo de campo de la investigación se sustentó en la metodología de la historia de vida, historia oral o método biográfico. Esta herramienta de trabajo, fundamentalmente utilizada por los antropólogos y sociólogos, resulta importante para rescatar la emotividad que puede perderse al aplicar inventarios o pruebas rígidas y estandarizadas. La premisa principal de este método parte de la idea de que, para adentrarse en el funcionamiento de los seres humanos, nada mejor que el trabajo con otro ser humano. En esa nueva relación que se establece con el otro salen a flote emociones, sentimientos y pensamientos que conforman un universo subjetivo individual que pueden dar cuenta de cómo funciona la sociedad en términos estructurales o simbólicos (Bertaux, 1980). El resultado de la aplicación de esta herramienta, sustentada en sucesivas "entrevistas en profundidad" (Taylor y Bogdan, 1992), es una construcción conjunta entre el investigador y los sujetos del estudio que reúne las vivencias de los segundos con el aporte teórico de los primeros.
Los
sujetos seleccionados para el estudio tuvieron características muy claras. Por
una parte, debían haber sido procesados y condenados por secuestro extorsivo y
encontrarse cumpliendo su condena. En segundo lugar, debían reconocer
plenamente su participación en el delito y haber realizado una elaboración
psicológica alrededor del hecho. Y, finalmente, se buscaba que los
entrevistados hubieran pertenecido al equipo que custodió al (o los)
secuestrados (s) durante su cautiverio. Estas características fueron definidas
con la intención de a) encontrar sujetos que efectivamente hubieran establecido
un vínculo con los secuestradores ; b) maximizar la calidad de las
entrevistas a través de un discurso elaborado previamente por los sujetos sobre
la validez de su delito ; c) sortear los escollos propios de los procesos
judiciales, puesto que durante este período del enfrentamiento del sujeto con
la ley cualquier información que provea es susceptible de afectar su futura
condena.
Luego
del trabajo de campo se perfilaron dos testimonios particulares, los más
representativos de la problemática vincular que se pretendía estudiar. El análisis
de estas dos historias de vida se sustentó en una propuesta basada en los
siguientes puntos :
·
Descripción
general de los vínculos primarios del sujeto, es decir, de la comunidad inicial
o familiar de la que provenía. Se incluyen aquí los vínculos afectivos
actuales, en contraposición al vínculo con la organización armada.
Análisis
del vínculo entre el sujeto y la ideología propia de la "lucha"
que sigue, haciendo hincapié en las elaboraciones discursivas y emotivas
que justifican el secuestro.
Descripción
y análisis de la visión particular de cada sujeto sobre el fenómeno del
secuestro.
Descripción
y análisis de los mecanismos psíquicos de los que el sujeto hace uso para
afrontar el secuestro como concepto general.
Análisis
de la conducta observable, los mecanismos psíquicos y la forma de
comunicación que el sujeto recuerda haber establecido en el marco de un
secuestro en particular.
Elaboración de una síntesis conclusiva que reuniese el recorrido del vínculo a lo largo de todos los aspectos analizados.
Expondremos, someramente, los resultados de este análisis de los testimonios obtenidos.
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Jueves, 15 de Marzo de 2007