ASPECTOS CRIMINOLÓGICOS DEL DELITO DE SECUESTRO
9. EL
SECUESTRO Y LA PSICOLOGÍA DEL SOMETIMIENTO
Este fenómeno
a diferencia de otros delitos se manifiesta como un trauma crónico, es decir no
sólo porque se prolonga en el tiempo que dure el cautiverio sino además porque
persiste con gran intensidad después de haber regresado a la libertad. El
secuestro se relaciona íntimamente con la psicología del sometimiento, pues la
finalidad que buscan los secuestradores es la de someter a la víctima y a su
familia, mediante un control cruel sobre todos los aspectos de sus vidas. Para
ello recurren a técnicas de control psicológicas dirigidas a trasmitir el
terror, la desesperación, y destruir la confianza del retenido en él y quienes
le rodean.
Utilizan
la violencia verbal como estrategia principalmente de sometimiento y subyugación,
esta se manifiesta con amenazas de muerte, humillando al secuestrado con el uso
de las palabras soeces y ofensivas, en fin, hasta hacerlos sentir sin ningún
poder. También utilizan como estrategia de dominación los engaños y mentiras
con respecto a lo hecho por la familia o el interés que muestra para buscar la
liberación de la víctima. Por otro lado las familias son objeto de fuertes
amenazas como cuando se anuncia que se va a enviar al secuestrado muerto en una
bolsa o su oreja o dedo. Lo que buscan estos bandidos es minar la capacidad de
la familia de decidir en forma adecuada.
Mediante
el terror tratan de llevarlos a decidir de forma impulsiva y desesperada en
busca de lograr un buen y oportuno pago del rescate.
Las
familias que pudieran hallarse en estas circunstancias deben pensar con frialdad
y captar que lo que ellos buscan es ganar el control de la víctima y su
familia, se debe mantener una buena relación con ellos sin rendirse totalmente,
se debe demostrarles que se puede pensar aún todavía.
9.1 COMO
SOBRELLEVAR EL SOMETIMIENTO
Lo
primero que hay que hacer es ser conscientes de una terrible realidad: somos
impotentes y por otro lado que estamos bajo el dominio de otros seres humanos y
que estos buscan rebajarnos como personas. Lo importante es mantener la dignidad
humana y la autoestima. En busca de lo anterior estudiosos del tema han señalado
las siguientes técnicas, que buscan ser un paliativo en este gran impacto que
sufren las víctimas:
1.
Descubrir el mundo interno: nuestro mundo es propio, nadie accede a nuestra
mente, nuestros pensamientos y fantasías. Lo interno nadie nos lo puede quitar.
2. Darle
un sentido de oportunidad al cautiverio: tomar esta experiencia como una
oportunidad para reflexionar, para evaluar nuestras vidas, planear el futuro. Es
dejar de pensar sólo en lo difícil, evitar una nueva depresión, buscar lo
positivo.
3.
Diferenciarse mentalmente del secuestrador: ellos los secuestradores pueden
hacerse a muchos millones, pero hay algo que no tienen familia y educación por
ejemplo, en cambio eso si lo posee el secuestrado y muchos otros valores que
carecen por completo aquellos que se han dedicado a delinquir.
4. Crear
una rutina propia: para sobrellevar mejor el cautiverio ayuda una rutina como
afeitarse, leer un libro, escribir, pintar, y no dejar de celebrar los ritos
como Navidad o Año Nuevo.
5.
Desarrollar una relación de cordialidad sin someterse: es decir mantener cierto
grado de autonomía especialmente en el sentir y pensar.
6.
Confrontar al captor: desafiar al secuestrador es demostrarle que no tienen
poder absoluto sobre la víctima, pero esta recomendación puede generar mayor
abuso por parte del captor, sin embargo se sugiere como alternativa para quienes
están dispuestos a arriesgar sus vidas, antes que verse privados de la
libertad." (Navia, Carmen Elvira)
9.2 EL
SECUESTRADO UN PASIVO
Debido
principalmente a tres factores el secuestrado llega a un estado de pasividad: el
control que ejercen sobre él, la imposibilidad de moverse libremente y la
imposibilidad de continuar desempeñando las labores que llevaba a cabo en el
pasado, cuando era libre.
Por
situación de aislamiento debido a que no se puede entablar relaciones
confiables con los captores lo obligan a establecer una fuerte relación con su
mundo interno. Vive de los recuerdos del pasado
y hasta llega a vivir de fantasías como el pensar que lo van a liberar
espectacularmente o que se va a fugar, etc., esto le produce un sosiego y alivio
que le permite soportar su amarga experiencia. Pero la pasividad no es absoluta
pues siempre se halla algo que hacer, como implorar a los captores o tratar de
ablandarlos o persuadirlos para que le ayuden en una fuga.
En medio
de este estado de pasividad se intenta buscar explicación a lo sucedido. Porqué
el?, en la mayoría de los casos se llega al autoreproche, y al sentimiento de
culpa tal vez por su falta de previsión.
Según la
psicología “cuando se han sufrido fuertes traumas como un secuestro, pérdida
de un ser querido o violación, sucesos todos extremadamente traumáticos, muy
severos, se necesita darle un sentido a lo vivido. Autoculparse, autoreprocharse,
asumir la responsabilidad ayuda a no quedar sumergido en la desesperanza e
impotencia, es lo que algunos autores llaman: “la defensa moral". (Meluk,
Emilio)
9.3 EL
SITIO Y EL TIEMPO
La
posibilidad de mirar el sitio donde se encuentra y lograrse ubicar es de suma
importancia. Quienes llegan a un sitio vendados tratan de observar y memorizar a
donde los llevan en donde permanecen en cautiverio. Eso de orientarse además de
darles seguridad y confianza, les ayudará a movilizarse en caso de un operativo
de rescate o de oportunidad de fuga, entonces sabrán a donde dirigirse. Otro
factor importante es el manejo del tiempo, los captores retiran en muchos casos
los relojes de las víctimas con el ánimo de someterlos psicológicamente y
descontrolarlos. Al estar orientados en el tiempo las víctimas disminuyen su
ansiedad y confusión.
9.4 EL
AISLAMIENTO
Un
secuestrado colocado en situación de extremo aislamiento termina falseando la
realidad de su cautiverio e interpreta los hechos de una manera equivocada,
entraría en una fase alucionatoria. Si se permanece aislado de ruidos, a
oscuras, sin orientación, tiempo espacial, sin contacto con otras personas
seguro se correrá con el riesgo de falsear la realidad y fantasear.
9.5
SOBREVIVIR – UN TRIUNFO
Puede
haber sucedido que los captores se salieron con la suya a la hora de cobrar el
rescate, dejaron a la familia en la calle, los exprimieron económicamente
hablando, pero hay algo que debe ser tenido muy en cuenta, puede que suene a
consuelo trillado El hecho de sobrevivir a un secuestro se puede considerar el
triunfo de la esperanza sobre la incertidumbre. El no haber sucumbido a una
muerte inminente para quien la padece, es una gran demostración de la gran
capacidad de poder supervivir los seres humanos en situaciones tan extremas como
esta.
10. EL
SECUESTRADO, YA EN LA LIBERTAD
El
regreso a casa por parte de la víctima es el fin de una situación altamente crítica
y angustiosa, pero es el principio de una etapa de readaptación. Es muy posible
que aún después de la liberación continúe la ansiedad el miedo y la confusión.
Es ahora,
cuando el cansancio comienza a aparecer, sus reservas físicoemocionales e
intelectuales han llegado a agotarse, porque las tuvo que utilizar en su
cautiverio para vivir y mantener su equilibrio emocional.
10.1
JUBILO Y ALEGRÍA PERO CON UNA GRAN NUBE: EL
MIEDO A UN NUEVO SECUESTRO
Se llega
a casa con alegría, con la felicidad de haberse sentido muerto y saber que se
ha resucitado, pero el gran temor a la reincidencia traumática es uno de los
aspectos psicológicos que más se observan en quienes han vivido estas
experiencias catastróficas. “se manifiesta en frecuentes pesadillas referidas
a la experiencia, recuerdos momentáneos e inesperados del secuestro (Flash
Back) y evidentes evasiones sobre el tema. Se presenta también un estado
ansioso generalizado, gran irritabilidad, despersonalización, desorientación
temporo-espacial y ansiedad demostrada con manifestaciones somáticas, se
presenta en algunos casos el llamado “Síndrome del Sobreviviente”, la
triada típica compuesta por cefaleas frecuentes, pesadillas recurrentes y
estados de tristeza más o menos periódicos”. (Meluk, Emilio).
En el
tiempo siguiente a la liberación el exsecuestrado presenta una alegría y
euforia desmesurada y unas ganas de vivir todo lo que no pudo en su cautiverio,
en este periodo las huellas del secuestro no se manifiestan, pero cuando se
adapta a su medio habitual y comienza a enfrentar la realidad que dejo y las
resultantes del secuestro mismo, se ausenta la euforia, es ahora cuando las
secuelas empiezan a evidenciarse en la víctima y su familia.
El
aspecto más relevante después del secuestro, una vez superada la euforia es el
miedo a ser plagiado nuevamente y estar sometido a las condiciones del
cautiverio. Se padece de temores agudos y marcados muchas veces relacionadas con
situaciones que para cualquier observador externo no tendrían ninguna relación
con un nuevo secuestro por ejemplo: si alguien se queda mirándolo en la calle o
se acerca a preguntarle la hora, para el exsecuestrado estos acercamientos
representan peligro de un nuevo secuestro.
Pero con
el paso del tiempo, los temores a que se repita la experiencia traumática
desaparecen solos, sin la necesidad de una ayuda diferente a la que proporciona
la familia o el microgrupo social, habrá algunos casos extremos que requieran
ayuda profesional, cuando las alteraciones psicológicas sean de tal magnitud
que lo ameriten.
Este
trauma representado en el temor a un nuevo secuestro se fundamenta en un dúo de
razones:
1.
La experiencia dramática del secuestro vivida, los padecimientos
sufridos.
2.
La situación objetiva del país, con el índice de delincuencia tan alto
y falta de logros por parte del Estado para proteger a sus ciudadanos contra el
delito.
Estas dos
razones se superponen, se complementan convirtiéndose las dos juntas en
poderoso argumento a favor del miedo a la reincidencia, de todas maneras solo el
paso del tiempo unido a la solidaridad familiar y social lograrán hacer
desaparecer estos temores que mientras duran impedirán vivir con normalidad a
la víctima.
En 1973
en la ciudad de Estocolmo, en un asalto bancario, los ladrones retuvieron a los
empleados del banco por varios días. Al momento de la liberación un periodista
fotografió el instante en que una de las rehenes y uno de los captores se
besaban. Este hecho sirvió para bautizar ciertas conductas “extrañas” que
demuestran afecto entre los captores y los rehenes.
Se
presenta este síndrome cuando la persona que lo sufre “se identifica con su
agresor, ya asumiendo la responsabilidad de la agresión de que es objeto, ya
sea imitando física o moralmente la persona del agresor, o ya sea adoptando
ciertos símbolos de poder que lo caracterizan”.
(Skurnik, N).
El
llamado Síndrome de Estocolmo es un mecanismo defensivo psicológico de
adaptación del individuo de carácter inconsciente, en consecuencia sólo un
observador externo podría percibir como desproporcional que la víctima
defienda o adopte actitudes para disculpar a los secuestradores y justificar los
motivos por lo que lo tuvieron retenido.
Para que
se pueda desarrollar el síndrome de Estocolmo es necesario que el secuestrado
no se sienta agredido, violentado ni maltratado por los plagiarios, el trato
negativo se transforma en una barrera defensiva contra la posibilidad de
identificarse con sus plagiarios y aceptar que hay algo bueno en ellos y sus
propósitos. Muchos de los secuestrados antes de su experiencia sentían alguna
simpatía por la guerrilla en Colombia o encontraban alguna justificación en el
obrar de la delincuencia común, debido a la gran desigualdad social imperante y
a la falta de oportunidades, pero al padecer el secuestro y estar sometidos ya
por la guerrilla, ya por los delincuencia común y desde la experiencia con la
cercanía a la muerte, se produce un cambio radical en su pensamiento y en la
percepción de los fenómenos sociales. Este sería el caso de un síndrome de
Estocolmo pero a la inversa, del concepto favorable se pasó al negativo.
Cuando
alguien es retenido contra su voluntad y permanece en condiciones de aislamiento
puede establecer relaciones cordiales y mostrar cierta complacencia con sus
captores, pero esa corriente afectiva la crea para sobrevivir en medio de esas
condiciones precarias. Esa relación afectiva se puede establecer bien como un
nexo consciente y voluntario por parte del secuestrado para obtener algún
beneficio o dominio de la situación y evitar la agresión de los captores. Es
este último el caso del “síndrome de Estocolmo”.
En la
gran mayoría de los casos lo que se presenta es un agradecimiento consciente
por parte de la familia y la víctima,
por haberles permitido regresar vivos, sanos y salvos. Recuerdan en las primeras
semanas después de su liberación a quien o quienes tuvieron alguna muestra o
gesto humanitario con ellos, o simplemente un acto de compasión. En esas
circunstancias cualquier gesto positivo por parte de los secuestradores puede
ser recibido con gratitud apenas normal.
¿Cuándo
podemos afirmar que un secuestrado padece el “síndrome de Estocolmo”?,
cuando se presentan estas dos condiciones:
1. Que la
persona haya asumido inconscientemente, una notable identificación en las
actitudes, comportamientos o modos de pensar de los captores, casi como si
fueran suyos.
2. Que
las manifestaciones iniciales de agradecimiento y aprecio se prolonguen en el
tiempo, aún cuando la persona ya se encuentre integrada a sus rutinas
habituales y haya interiorizado la finalización del secuestro.
10.3
REACCIONES SICOSOMÁTICAS
Los síntomas
somáticos generados por experiencias postraumáticas se observan de un modo muy
marcado, sólo en la fase siguiente a la liberación. Su intensidad está
relacionada con las condiciones físicas del cautiverio a que estuvo sometido el
secuestrado, es decir que si hubo maltratos o amenazas de muerte o simulacros de
fusilamiento entonces los dolores de cabeza, los mareos, los dolores de pecho
serán muy intensos.
Estos síntomas
desaparecen con el paso del tiempo y el apoyo familiar sin necesidad de ayuda
profesional, esto ocurre en la mayoría de los casos. “Cuando los síntomas
persisten es porque existían desde antes del secuestro; de allí que no pueden
ser atribuidos exclusivamente al trauma ocasionado por el plagio. (Meluk,
Emilio)
Por
algunos estudios realizados se demostró que en las personas más jóvenes, los
menores de cuarenta, se presentan mayores reacciones somáticas funcionales
después de la liberación. Los de mayor edad cincuenta años o más tienden a
presentarlos en bajas proporciones.
La elaboración del trauma psicológico ocasionado por el secuestro estaría en relación, además con la experiencia acumulada durante los años de vida y los recursos psicológicos que tenga la persona. A mayor edad hay más posibilidades de adaptar la experiencia a su personalidad y al sistema de vida. Los jóvenes, con menos experiencia vital acumulada en razón de la menor edad cronológica, tienen menos recursos psicológicos, menor capacidad de expresar la experiencia, viéndose en la necesidad de manifestarla en la ansiedad y los temores de muerte a nivel somático.
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Jueves, 15 de Marzo de 2007