ASPECTOS CRIMINOLÓGICOS DEL DELITO DE SECUESTRO

AUTOR: ALFREDO MAURICIO ERAZO DÍAZ DEL CASTILLO- 2001

 

2.5 LA REFORMA AL CÓDIGO PENAL Y EL SECUESTRO  

Durante la primera semana de junio del presente año, el Senado de la República acogió 44 de las objeciones que presentó el gobierno y posteriormente lo hizo la Cámara de Representantes en plenaria, fueron rechazadas 41, ahora corresponde al Presidente de la República sancionar el proyecto que entrara a regir como ley dentro de 1 año. 

La discrecionalidad con que cuentan hasta hoy los funcionarios judiciales para dosificar o rebajar las penas a los condenados por secuestro les fue reducida. En el secuestro fue disminuida la pena máxima, pero aumentada la mínima, cuya condena máxima bajo de 40 a 28 años. 

En la actual legislación penal antisecuestro, la pena máxima es de 40 años, pero en la práctica y gracias a una serie de beneficios solo se pagan realmente 11 años aproximadamente.

Con el nuevo código ese mismo secuestrador podría ser condenado a la máxima de 28 años, pero al suprimirse algunos beneficios, como la audiencia especial y dosificarse la condena de forma más estricta, el detenido terminará pagando una pena efectiva cercana a los 19 o 20 años. 

Esos son algunos de los alcances del código penal, aprobado por las plenarias de Cámara y Senado, luego de aceptar el informe de la comisión accidental que tuvo la tarea de estudiar las 85 objeciones que el Presidente Pastrana presentó a esta iniciativa, cuando se aprestó a sancionarla.       

2.6   CLASIFICACION SOBRE LA ESTRUCTURA DEL TIPO PENAL EN EL  SECUESTRO  

2.6.1         Sobre el Tipo. 

2.6.1.1.     De Resultado.  

Para que se perfeccione el delito, se hace necesario la efectiva privación de la libertad, cuando se tratan de simples acciones ejecutivas se hablara de tentativa. 

2.6.1.2.     De Lesión.  

Se debe dar vulneración efectiva del interés tutelado, es decir, de la libertad individual del sujeto pasivo. 

2.6.1.3.     De Conducta Permanente.  

Pues la privación de la libertad se prolonga en el tiempo, no importa el lapso de este. 

2.6.1.4.     Pluri-ofensivo.  

Con la realización de la acción múltiple señalada por los verbos rectores, se pueden poner en peligro la libertad individual, la integridad personal y moral y la vida. 

2.6.2 Sujeto Activo. 

2.6.2.1.        No Calificado Singular.  

No se exige ninguna calidad especial por parte del victimario. Puede realizarse por la acción de un solo objeto. 

2.6.2.2.     No Calificado Plural.  

No se exige calidad especial en el sujeto activo. 

Es ejecutado y consumado el delito por un grupo de personas que constituyen una organización criminal. Aquí se tendrán en cuenta los criterios de la participación criminal.  

2.6.3  Sujeto Pasivo 

2.6.3.1       Primario   

Es el titular del bien jurídico tutelado, es el individuo a quien se ha arrebatado, sustraído, retenido u ocultado por parte del sujeto activo. 

2.6.3.2.        Secundario  

La familia y el círculo de amigos del secuestro sea este extorsivo o simple se constituyen en víctimas, también debido al estado de constreñimiento, amenazas y presión que soportan durante el cautiverio, además en el secuestro extorsivo es el patrimonio económico de ellos el que se ve afectado.   

2.6.4              Conducta  

2.6.4.1.        Verbo Reductor Compuesto Alternativo  

2.6.4.1.1.  Arrebatar   

Acción que consiste en tomar con violencia y fuerza irresistible. 

2.6.4.1.2.  Sustraer   

Acción que consiste en sacar o separar al sujeto pasivo de la órbita en que desarrolla su vida, se requiere en este caso del elemento violencia o fuerza física o moral. 

 2.6.4.1.1.  Retener   

Mantener contra su voluntad al sujeto pasivo en sitio o lugar, atentando de esta manera en contra de sus derechos de locomoción y autodeterminación. 

2.6.4.1.4.  Ocultar   

Esconder al sujeto pasivo de tal manera que se ignore su paradero. 

2.6.5.              Ingrediente Subjetivo   

Intención específica por parte del agente, para que surja la tipicidad del hecho. 

2.6.5.1.        Exigir por la Liberación de la Víctima Provecho o cualquier utilidad  

Puede ser: económico, político, publicitario, judicial, etc. No se requiere para la tipicidad del hecho que se consiga la finalidad. 

2.6.5.2.     Que se haga u omita algo   

Es una especie de elemento amplificador por parte del legislador y comprende todas las posibles acciones con finalidades antijurídicas que guían al agente. 

2.6.5.3.     Con fines publicitarios de carácter político   

Se trata de hacer propaganda o difusión a determinado partido o grupo político o ideología, se incluyen aquí algunas retenciones efectuadas en nuestro país por grupos guerrilleros y paramilitares; así como algunos ejecutados por grupos de narcotraficantes como aquellos que en el pasado realizaron los “extraditables”. 

2.6.5.4.     Propósitos distintos a los anteriores   

Pueden existir múltiples motivos como sexuales, venganza, enemistad o antipatía, etc. 

2.6.5.       Objeto  

2.6.6.1.     Material   

La conducta recae sobre el sujeto pasivo, es decir, sobre la víctima del secuestro. 

2.6.6.2.     Jurídico  

Se trata de atentado contra el bien jurídico tutelado por el legislador, en este caso al secuestrar se ataca o vulnera la libertad individual. 

2.6.7.       Concurso  

Existen al respecto dos teorías: 

2.6.7.1.     Quienes lo Admiten   

Afirman que se puede presentar concurso material con la extorsión, pues la exigencia en el secuestro constituye el constreñimiento que exige en el delito consagrado en el artículo 356 del Código Vigente. 

2.6.6.1.     Quienes no lo Admiten   

Sostienen que el secuestro ABSORBE los elementos estructurales de la estafa y además lo que aquí prima o predomina es el atentado que se realiza sobre el bien jurídico de la libertad personal o individual.  

2.6.7.       Tentativa   

Debido a la gradualidad en la ejecución de un secuestro es posible que este se quede en simples actos ejecutivos sin que la infracción se llegue a consumar, entonces si se admite la tentativa.    

8. IMPACTO PSICOLÓGICO ALREDEDOR DEL DELITO DEL SECUESTRO 

Me encuentro con la libertad en mi pensamiento, la familia en mi corazón y la muerte a mis espaldas.

Un Exsecuestrado 

8.1 COMO SON LOS SECUESTRADORES 

8.2 PERFIL PSICOLÓGICO DE ELLOS 

El secuestro se ejecuta con mayores o menores riesgos para los captores y para el secuestrado. Esto varía de acuerdo a la región geográficamente  hablando, las características del terreno que ellos escogen como escenario, el buen planeamiento y labor de inteligencia previa hecha por los captores, del tipo de organización (guerrilla, delincuencia común, narcotrafico) a la que pertenezcan los plagiarios y de los móviles o motivos u objetos específicos que busquen con la aprehensión   de la víctima. En un secuestro lo más importante para los victimarios es la obtención del dinero de rescate o su equivalente. Los riesgos y tensiones que ellos soportan durante la operación del secuestro y el cautiverio se “aguantan” con el interés, y la fuerte motivación por obtener el pago del rescate. 

El captor que se mueve con motivación de tipo político subordina todos sus propósitos a la causa por la cual lucha y está listo a sacrificar su vida, por ello toma mayores riesgos. La razón de su comportamiento esta enmarcada en los principios ideológicos de su colectividad político- armada y no por los de su grupo familiar o social en el que convivió en su infancia y juventud. 

Este tipo de secuestrador es más técnico en su labor, un especialista en materia de secuestros a quien se le entrenó militar e ideológicamente en esos menesteres. Ellos no improvisan, ejecutan actos repetidos y mecanizados y hasta su discurso político parece sacado de un manual de secuestros. Solo basta ver la forma como en los relatos verídicos consignados en el presente trabajo, los captores manejan el viejo discurso de odio social como cuando en reiteradas ocasiones se hacía referencia a los secuestrados llamándoles “ricos hijueputas” , o enunciando la palabra “oligarquía” u oligarca, etc. 

El secuestrado llega a ser para él un objeto para ser manipulado y negociado como una mercancía a la que hay que cuidar y proteger.  

Para secuestrar se requiere de una personalidad especial, pues el secuestro a diferencia del atraco, violación o el mismo homicidio, delitos en que la relación víctima – victimario sólo es momentánea, en cambio en el secuestro se da una relación que se prolonga en un tiempo más o menos largo y se convierte casi en una convivencia. Aquí con el transcurrir del tiempo se ve el deterioro físico y psicológico de la víctima ante el cual el plagiario no debe ni puede sucumbir, se debe ejercer presión permanente sin agotar a la víctima, haciéndolo ver que la única forma de que salga con vida es pagando el rescate. “...El secuestrador asimila los padecimientos súplicas y ruegos del secuestrado como si se tratara de hechos aislados, con una aparente insensibilidad, y suele utilizarlos para controlarlo y someterlo, y lograr sus objetivos finales”.(Meluk, Emilio).

El no se identifica con la víctima, es decir no se coloca en el lugar de ella, para vivir en el lugar de ella lo que esta sintiendo. 

Cuando el secuestrador muestra compasión y conmiseración el secuestrado suele creer que son manifestaciones falsas, y algunas víctimas en especial mujeres piensan que se tratan de acercamientos sexuales. 

Los secuestradores duchos o profesionales saben que quienes cuidan son los más vulnerables para llegar a identificarse con las víctimas y pueden terminar cediendo en las pretensiones de compasión y libertad, por eso se establecen generalmente turnos de vigilancia y los rotan en sus labores de custodia.

Se hace necesario tener en cuenta que quienes cuidan se hallan  sometidos a grandes presiones psicológicas, pues de su labor depende que no haya una fuga o que se percate a tiempo de un eventual operativo de rescate o que se deteriore la salud del retenido, etc., por eso ellos son muy vulnerables bien a ceder en los deseos de libertad de la víctima o negociar su liberación por aparte y ha volverse irritables frente a los secuestrados. 

Dentro de las organizaciones dedicadas a secuestro generalmente hay grupos de secuestradores, unos menos malos a los que Emilio Meluk llama “Blandos” y unos malísimos a los que el mismos autor llama “Duros”. 

Los primeros se caracterizan por tener la capacidad de identificarse con los sufrimientos de las víctimas. 

Los “Duros” por el contrario se mantienen distantes de las víctimas y pueden calificarse como déspotas y ásperos y su preocupación por el estado del secuestrado es impersonal, lo hacen movidos por la responsabilidad que tienen ante los superiores jerárquicos dentro de la banda. Lastimosamente las experiencias de secuestros revelan que existen en mayor número los llamados “Duros”. 

Las víctimas consiguen identificar a los hombres duros y blandos y muchas veces logran algunas concesiones  como alimentos, información y algunas comodidades, pero por la estructura misma de una organización difícilmente se logra la libertad a través de ellos pues hay un gran respeto entre las jerarquías y el temor a una represalia impide que se pueda dar ventajas para una fuga o liberación. 

El secuestrador siente la necesidad de controlar física y psicológicamente a la víctima, el secuestrador la prefiere decaída, golpeada psicológicamente con la moral muy baja. Esta circunstancia lo hace sentir con un control de la situación, esta intención de temor y control total se hace extensivo también a los familiares de la víctima, se circunscribe al pago del rescate y a no dar información a las autoridades, de la forma como asume la familia el secuestro depende en un alto grado la muerte o supervivencia del plagiado. Los secuestradores son conscientes de que tocando las fibras afectivas de la familia con respecto al retenido es como se hace que paguen el rescate, por eso ellos transmiten información de acuerdo a sus conveniencias, por ejemplo si la familia es receptiva y colaboradora otorgan una información sobre su estado real y si se muestran renuentes en las negociaciones comunican que el estado de salud del detenido se ha deteriorado en forma alarmante y si la familia entra en crisis emocional tranquilizan dando información más benévola. Pero es a través del negociador que la banda mide el estado emocional del grupo familiar y calculan así hasta donde pueden ir las presiones y exigencias y el monto de las concesiones que se pueden hacer. 

El delincuente sabe que al secuestrar un miembro de una familia se logra vulnerar a todo el grupo. La desmembración de la misma, la espera de pruebas de supervivencia y los silencios largos de los secuestradores, generan un gran desgaste emocional, esto puede conducir a que se produzcan grandes conflictos internos en la familia. El problema de la “no total vulnerabilidad” de la familia, como cuando esta pone en conocimiento de las autoridades la ocurrencia de esa retención tiene un doble temor a que están sujetos, el primero es a una reacción unilateral por parte de la banda que ponga en peligro la vida del ser querido y por otro a que un eventual operativo de rescate termine en un desenlace fatal, en cuyo caso crearía dentro del núcleo familiar una serie de conflictos y reproches que deteriorarían su estructura. 

En nuestro país el secuestrador a diferencia de lo que sucede con otros fenómenos delictuales, no es la persona desesperada que halla casualmente en el secuestro una solución a una situación política o económica, estos casos son excepcionales, por el contrario quien ejecuta un secuestro, estudia con detenimiento a la potencial víctima, organiza la operación midiendo los posibles riesgos de ese acto. Según Knutson. 

Los secuestradores se podrían dividir así: “Los renuentes a secuestrar y los que lo hacen deliberadamente” (Knutson, J. N). Para este autor los primeros son aquellos que no realizan procesos psicológicos para deshumanizar a la víctima. Siempre ven a los secuestrados como personas con miedo, desamparados, los ven como seres humanos; padres de familia, hijos, hermanos, etc., este rol de plagiarios lo asumen con un gran costo psicológico, serían capaces de asesinar a la víctima en caso de escape o rescate.  

Generalmente estas personas no tienen antecedentes judiciales y los segundos los que secuestran deliberadamente planean la operación con detenimiento y durante el secuestro, actúan con el ánimo de ejercer un control físico y mental en la víctima y su familia. Son perfectamente capaces de sacrificar a la víctima sin mayor reato de conciencia, son expertos estudiosos del secuestrado y mediante la introspección psicológica, captan las debilidades del retenido. Son dados a un cálculo racional que va dirigido a la obtención del pago del rescate. Después de concluido el secuestro lo borra de su memoria, no se deja perturbar por esta experiencia. Según Knutson “Estas personas presentan características de psicopatología, esto se muestra en la falta de afectos y de reciprocidad con los demás”. (Knutson, J.N). Para Emilio Meluk sólo pocos secuestradores son a su juicio verdaderos Psicópatas pues “la mayoría poseen algún grado de afecto y alguna conciencia del grado de reciprocidad en las relaciones con sus semejantes”. (Meluk, Emilio). Para el autor de la presente tesis de grado es más realista el concepto de Knutson pues quien es capaz de arrebatar, sustraer a un ser humano de su núcleo familiar y social, la mayoría de veces ejecutando operaciones armadas que ponen en peligro la misma vida de él y la víctima, sin tener en cuenta los afectos, las súplicas del secuestrado y la familia y trasmitiendo entre ellos información falsa sólo para lograr la desesperación del uno y de los otros y muchas veces intrigando sobre la falta de interés de la familia, estos seres sólo demuestran su falta de sensibilidad humana, su carencia de afectos y solidaridad, por lo tanto si merecen el calificativo de Psicópatas que el ya mencionado autor dio.

8.3 EL SECUESTRADO – FASE PREVIA LAS AMENAZAS 

Podríamos dividir la experiencia del secuestro tanto para la víctima como su familia en dos etapas fundamentales, la primera es el cautiverio que comienza con la misma operación de secuestro y la segunda etapa es la liberación o regreso a su vida familiar. Pero es no menos traumática la de las amenazas de un secuestro.  

Las víctimas de secuestro son generalmente “tomadas por sorpresa”, los delincuentes no suelen amenazar antes de ejecutar el hecho; tratan ellos de que el factor sorpresa juegue a su favor quienes si son amenazados tratan de cuidarse y efectivamente lo hacen lo que sucede es que la capacidad operativa de los secuestradores es los suficientemente funcional, lo que garantiza el éxito de la operación de secuestro, muy a pesar de todas las precauciones que se tomen. 

Las sospechas de un riesgo de secuestro generalmente vienen de advertencias de familiares o amigos o en la idea de ser perseguido por alguien o bien por la situación de orden público reinante en la región donde se habita o se posee alguna finca. Pero todo no dejan de ser señales imprecisas y probabilidades que se ven a veces como lejanas. 

La mayoría de personas que han sido secuestradas, habían vivido el  riesgo del secuestro como algo lejano y externo, y la aceptación de su certeza sólo la llegaron a sentir durante el cautiverio, cuando el hecho ya se había consumado. 

Frente al riesgo del secuestro se presenta, en los plagiados una negación psicológica de esa posibilidad, que se manifiesta en el hecho de desestimar las advertencias hechas y los indicios o sospechas de que podía ocurrir, esconden la posibilidad real de la ocurrencia del hecho, esta negación deberá entenderse “como el conjunto de maniobras adaptativas y defensivas inconscientes que le permiten a la persona anular la percepción de los eventos externos dolorosos para el yo. Constituyen la existencia del rechazo de los doloroso en el mundo de afuera”.(Brainsky, Samuel).

Los amenazados de secuestro padecen un sufrimiento permanente que se fundamenta en la posibilidad de ser retenidos en contra de su voluntad en cualquier momento y separados de su medio, su familia, su trabajo y sus amigos... para la familia ese padecimiento se da porque puede ser desmembrada definitiva o temporalmente por la sustracción de uno de sus miembros. La negación, el aislamiento y la involución social, como mecanismos de protección ante esta amenaza, suelen ser las respuestas inmediatas en muchos casos. 

Ante esta situación los vínculos familiares habituales se transforman en relaciones frías y terminan en una rutinización de cuidados y preocupaciones que desespera a todos los miembros, pues algunos tal vez los más jóvenes se alejan de esas normas rígidas de seguridad, generando fuertes conflictos entre los integrantes del núcleo. 

Los diálogos o charlas familiares terminan circunscribiéndose a una preocupación obsesiva y monotemática sobre la posibilidad de un secuestro.

8.4 LA CAPTURA DE LA VÍCTIMA 

Este es quizás el momento más crítico de un secuestro porque además de ser el inicio del mismo, de sorprender a la víctima y su familia también se pone en peligro la vida de quien se ha retenido y el temple y manejo que le den los captores a esta situación. 

En muchos casos quizás la mayoría de ellos, la operación del secuestro no termina en acción violenta físicamente en contra de los retenidos o de quienes los acompañan en ese crítico momento, mediante el uso de armas se obliga a acompañar a los captores, la mayoría de casos sin disparar ni un solo tiro. 

Psicológica y emocionalmente si es una acción  revestida de violencia, pues por lo sorpresiva , produce confusión en la víctima y sus acompañantes, por lo aparatoso, espectacular y efectista del momento de la captura ya que el despliegue de armas y fuerza impresiona no sólo a quien cae como víctima sino también a aquellos que muchas veces por casualidad presencian el hecho, (como quien simplemente transita por el lugar).

En la víctima aparece como primera impresión el riesgo real a morir en la misma operación de captura, claro que es un miedo que lo acompañará siempre a pesar del buen trato que le pudieran suministrar sus captores, es más; perdurará aún después de regresar a la libertad. 

Este miedo es manejado por los secuestradores para mantener a la víctima dominada y dócil, pues quien es secuestrado nunca recibió ningún adiestramiento para una situación tan tensa y difícil.  

“Durante la operación de secuestro los procesos de pensamiento tienden a paralizarse. El análisis objetivo de lo que sucede en el entorno, el ordenamiento de ideas y la selección de respuestas posibles para ejecutar en el momento se sustituyen por impulsos gobernados por el miedo y el terror”. (Meluk, Emilio).

Aparecen durante este trance respuestas automáticas y caóticas que no tienen nada que ver con lo que esta sucediendo. Prima la parálisis y el estupor, estas son tal vez las respuestas más comunes en estos casos de secuestro esto hace que las personas víctimas se conviertan en seres muy manejables. 

Casi todas las víctimas de secuestro se informan inmediatamente de lo que está ocurriendo o toman conciencia de los hechos, sólo en unos pocos casos a pesar de ser informados por sus captores acerca de sus propósitos sólo algunos días después logran tomar conciencia y asimilar que se trata de un secuestro. Los que reaccionan más rápido optan por dialogar con los secuestradores sobre las razones de la retención y entran ellos mismos a negociar o a tratar de hacerlo. 

La reacción de la víctima es un aspecto muy importante pues así ella no queda sumida por  largo tiempo en la incertidumbre ansiosa de saber qué paso. 

8.5 EL CAUTIVERIO 

La víctima de este flagelo, comienza después de la operación de su captura el cautiverio propiamente dicho, son hechos inesperados, momentos inciertos en espacios desconocidos. De aquí en adelante le van a invadir sensaciones de ansiedad y miedo, cuya intensidad oscila entre momentos de confusión severa, llantos prolongados, desesperanza profunda y alteraciones graves del sueño. Este es el síntoma más evidente de que se tiene ansiedad y miedo. Este fenómeno se presenta en todos los casos de cautiverio, con algunas variaciones independientemente del lugar donde se le ha retenido, del trato al que se le somete o el tiempo que dure la retención, en muchos casos se presentan alteraciones graves del sueño, que se manifiestan en terribles pesadillas en las que son asesinados, torturados y maltratados. 

“...Se ha observado un caso en que en lugar del insomnio se presentó un estado de hipersomnia o exceso en el dormir, durante los tres meses del secuestro. Ocurrió en una joven de veinte años que paso de un ciclo regular de  7 –8 horas de dormir en condiciones normales a uno de 11 – 12 horas diarias. Lo cual puede considerarse atípico, resultado del mayor sentimiento de impotencia e indefensión frente a los plagiarios, el cual enfrentó negando la situación en que se encontraba”. (Meluk, Emilio).

El insomnio se presenta como una respuesta a la amenaza contra la vida la cual invita a estar alerta, el sueño por el contrario es un estado de relajación. El insomnio empieza a disminuir en intensidad en la medida que se conoce los hábitos y comportamientos de las personas que vigilan, midiendo la veracidad de las amenazas y calculando los riesgos y se adapta a la alimentación y a la vivienda.  

El insomnio salvo contadas excepciones nunca desaparece, lo que sucede es que se mantiene con algunas fluctuaciones, determinadas por la ocurrencia de nuevos hechos como la cercanía de las autoridades o una larga jornada a pie generalmente por seguridad. 

Entre algunos autores en psicología existe la polémica si lo determinante es la personalidad anterior de la víctima o la forma como se desenvuelve el cautiverio, creo que las dos deben complementarse en el sentido que está demostrado que aquellas retenciones marcadas por la sevicia, violencia o crueldad producen reacciones adversas y paralizantes en las víctimas, independientemente de factores como el sexo, la edad y lugar de cautiverio, como tampoco se puede desconocer que personas que han recibido algún adiestramiento para vivir situaciones extremas como estado de guerra por ejemplo reaccionan favorablemente en estos casos.

Las situaciones o condiciones físicas del cautiverio, como la alimentación o el lugar ya sea a la intemperie o en sitio muy estrecho, donde se bañan o hacen sus necesidades fisiológicas, el tener que permanecer encadenado o amarrado a la cama o a un árbol , el que hagan simulacros de fusilamiento o las amenazas constantes determinan la aparición o intensificación de ansiedad y miedo en la víctima. 

Al parecer la edad en la víctima influye en la manera en que se afronta el secuestro, las personas mayores presentan aparentemente menos signos de miedo y ansiedad, controlan mejor sus estados emocionales y poseen mayor  tolerancia para esperar que la situación se resuelva de cualquier manera. En cambio los jóvenes, son presas más fáciles de la ansiedad, el miedo la desesperanza, son intolerantes, se produce en ellos reacciones intempestivas como retar violentamente a sus captores aún arriesgando su propia vida, como son más fuertes ante el ultraje que representa el cautiverio reaccionan con mayor energía. “es como si los años enseñaran a tolerar las injusticias”. (Constain, Mosquera Cesar)

REGRESA

CONTINÚA

 

 

               

               

              

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Jueves, 15 de Marzo de 2007