ASPECTOS CRIMINOLÓGICOS DEL DELITO DE SECUESTRO
2.5
LA REFORMA AL CÓDIGO PENAL Y EL SECUESTRO
Durante
la primera semana de junio del presente año, el Senado de la República acogió
44 de las objeciones que presentó el gobierno y posteriormente lo hizo la Cámara
de Representantes en plenaria, fueron rechazadas 41, ahora corresponde al
Presidente de la República sancionar el proyecto que entrara a regir como ley
dentro de 1 año.
La
discrecionalidad con que cuentan hasta hoy los funcionarios judiciales para
dosificar o rebajar las penas a los condenados por secuestro les fue reducida.
En el secuestro fue disminuida la pena máxima, pero aumentada la mínima, cuya
condena máxima bajo de 40 a 28 años.
En
la actual legislación penal antisecuestro, la pena máxima es de 40 años, pero
en la práctica y gracias a una serie de beneficios solo se pagan realmente 11 años
aproximadamente.
Con
el nuevo código ese mismo secuestrador podría ser condenado a la máxima de 28
años, pero al suprimirse algunos beneficios, como la audiencia especial y
dosificarse la condena de forma más estricta, el detenido terminará pagando
una pena efectiva cercana a los 19 o 20 años.
Esos son algunos de los alcances del código penal, aprobado por las plenarias de Cámara y Senado, luego de aceptar el informe de la comisión accidental que tuvo la tarea de estudiar las 85 objeciones que el Presidente Pastrana presentó a esta iniciativa, cuando se aprestó a sancionarla.
2.6
CLASIFICACION SOBRE LA ESTRUCTURA DEL TIPO PENAL EN EL
SECUESTRO
2.6.1
Sobre el Tipo.
2.6.1.1.
De Resultado.
Para
que se perfeccione el delito, se hace necesario la efectiva privación de la
libertad, cuando se tratan de simples acciones ejecutivas se hablara de
tentativa.
2.6.1.2.
De Lesión.
Se
debe dar vulneración efectiva del interés tutelado, es decir, de la libertad
individual del sujeto pasivo.
2.6.1.3.
De Conducta Permanente.
Pues
la privación de la libertad se prolonga en el tiempo, no importa el lapso de
este.
2.6.1.4.
Pluri-ofensivo.
Con
la realización de la acción múltiple señalada por los verbos rectores, se
pueden poner en peligro la libertad individual, la integridad personal y moral y
la vida.
2.6.2
Sujeto Activo.
2.6.2.1.
No Calificado Singular.
No
se exige ninguna calidad especial por parte del victimario. Puede realizarse por
la acción de un solo objeto.
2.6.2.2.
No Calificado Plural.
No
se exige calidad especial en el sujeto activo.
Es
ejecutado y consumado el delito por un grupo de personas que constituyen una
organización criminal. Aquí se tendrán en cuenta los criterios de la
participación criminal.
2.6.3
Sujeto Pasivo
2.6.3.1
Primario
Es
el titular del bien jurídico tutelado, es el individuo a quien se ha
arrebatado, sustraído, retenido u ocultado por parte del sujeto activo.
2.6.3.2.
Secundario
La
familia y el círculo de amigos del secuestro sea este extorsivo o simple se
constituyen en víctimas, también debido al estado de constreñimiento,
amenazas y presión que soportan durante el cautiverio, además en el secuestro
extorsivo es el patrimonio económico de ellos el que se ve afectado.
2.6.4
Conducta
2.6.4.1.
Verbo Reductor Compuesto Alternativo
2.6.4.1.1.
Arrebatar
Acción
que consiste en tomar con violencia y fuerza irresistible.
2.6.4.1.2.
Sustraer
Acción
que consiste en sacar o separar al sujeto pasivo de la órbita en que desarrolla
su vida, se requiere en este caso del elemento violencia o fuerza física o
moral.
2.6.4.1.1.
Retener
Mantener
contra su voluntad al sujeto pasivo en sitio o lugar, atentando de esta manera
en contra de sus derechos de locomoción y autodeterminación.
2.6.4.1.4.
Ocultar
Esconder
al sujeto pasivo de tal manera que se ignore su paradero.
2.6.5.
Ingrediente Subjetivo
Intención
específica por parte del agente, para que surja la tipicidad del hecho.
2.6.5.1.
Exigir por la Liberación de la Víctima Provecho o cualquier utilidad
Puede
ser: económico, político, publicitario, judicial, etc. No se requiere para la
tipicidad del hecho que se consiga la finalidad.
2.6.5.2.
Que se haga u omita algo
Es
una especie de elemento amplificador por parte del legislador y comprende todas
las posibles acciones con finalidades antijurídicas que guían al agente.
2.6.5.3.
Con fines publicitarios de carácter político
Se
trata de hacer propaganda o difusión a determinado partido o grupo político o
ideología, se incluyen aquí algunas retenciones efectuadas en nuestro país
por grupos guerrilleros y paramilitares; así como algunos ejecutados por grupos
de narcotraficantes como aquellos que en el pasado realizaron los
“extraditables”.
2.6.5.4.
Propósitos distintos a los anteriores
Pueden
existir múltiples motivos como sexuales, venganza, enemistad o antipatía, etc.
2.6.5.
Objeto
2.6.6.1.
Material
La
conducta recae sobre el sujeto pasivo, es decir, sobre la víctima del
secuestro.
2.6.6.2.
Jurídico
Se
trata de atentado contra el bien jurídico tutelado por el legislador, en este
caso al secuestrar se ataca o vulnera la libertad individual.
2.6.7.
Concurso
Existen
al respecto dos teorías:
2.6.7.1.
Quienes lo Admiten
Afirman
que se puede presentar concurso material con la extorsión, pues la exigencia en
el secuestro constituye el constreñimiento que exige en el delito consagrado en
el artículo 356 del Código Vigente.
2.6.6.1.
Quienes no lo Admiten
Sostienen
que el secuestro ABSORBE los elementos estructurales de la estafa y además lo
que aquí prima o predomina es el atentado que se realiza sobre el bien jurídico
de la libertad personal o individual.
2.6.7.
Tentativa
Debido a la gradualidad en la ejecución de un secuestro es posible que este se quede en simples actos ejecutivos sin que la infracción se llegue a consumar, entonces si se admite la tentativa.
8.
IMPACTO PSICOLÓGICO ALREDEDOR DEL DELITO DEL SECUESTRO
Me encuentro con la libertad en mi pensamiento, la familia en mi corazón y la muerte a mis espaldas.
Un
Exsecuestrado
8.1 COMO
SON LOS SECUESTRADORES
8.2
PERFIL PSICOLÓGICO DE ELLOS
El
secuestro se ejecuta con mayores o menores riesgos para los captores y para el
secuestrado. Esto varía de acuerdo a la región geográficamente hablando, las características del terreno que ellos escogen
como escenario, el buen planeamiento y labor de inteligencia previa hecha por
los captores, del tipo de organización (guerrilla, delincuencia común,
narcotrafico) a la que pertenezcan los plagiarios y de los móviles o motivos u
objetos específicos que busquen con la aprehensión de la víctima. En un secuestro lo más importante para
los victimarios es la obtención del dinero de rescate o su equivalente. Los
riesgos y tensiones que ellos soportan durante la operación del secuestro y el
cautiverio se “aguantan” con el interés, y la fuerte motivación por
obtener el pago del rescate.
El captor
que se mueve con motivación de tipo político subordina todos sus propósitos a
la causa por la cual lucha y está listo a sacrificar su vida, por ello toma
mayores riesgos. La razón de su comportamiento esta enmarcada en los principios
ideológicos de su colectividad político- armada y no por los de su grupo
familiar o social en el que convivió en su infancia y juventud.
Este tipo
de secuestrador es más técnico en su labor, un especialista en materia de
secuestros a quien se le entrenó militar e ideológicamente en esos menesteres.
Ellos no improvisan, ejecutan actos repetidos y mecanizados y hasta su discurso
político parece sacado de un manual de secuestros. Solo basta ver la forma como
en los relatos verídicos consignados en el presente trabajo, los captores
manejan el viejo discurso de odio social como cuando en reiteradas ocasiones se
hacía referencia a los secuestrados llamándoles “ricos hijueputas” , o
enunciando la palabra “oligarquía” u oligarca, etc.
El
secuestrado llega a ser para él un objeto para ser manipulado y negociado como
una mercancía a la que hay que cuidar y proteger.
Para
secuestrar se requiere de una personalidad especial, pues el secuestro a
diferencia del atraco, violación o el mismo homicidio, delitos en que la relación
víctima – victimario sólo es momentánea, en cambio en el secuestro se da
una relación que se prolonga en un tiempo más o menos largo y se convierte
casi en una convivencia. Aquí con el transcurrir del tiempo se ve el deterioro
físico y psicológico de la víctima ante el cual el plagiario no debe ni puede
sucumbir, se debe ejercer presión permanente sin agotar a la víctima, haciéndolo
ver que la única forma de que salga con vida es pagando el rescate. “...El
secuestrador asimila los padecimientos súplicas y ruegos del secuestrado como
si se tratara de hechos aislados, con una aparente insensibilidad, y suele
utilizarlos para controlarlo y someterlo, y lograr sus objetivos finales”.(Meluk,
Emilio).
El no se
identifica con la víctima, es decir no se coloca en el lugar de ella, para
vivir en el lugar de ella lo que esta sintiendo.
Cuando el
secuestrador muestra compasión y conmiseración el secuestrado suele creer que
son manifestaciones falsas, y algunas víctimas en especial mujeres piensan que
se tratan de acercamientos sexuales.
Los
secuestradores duchos o profesionales saben que quienes cuidan son los más
vulnerables para llegar a identificarse con las víctimas y pueden terminar
cediendo en las pretensiones de compasión y libertad, por eso se establecen
generalmente turnos de vigilancia y los rotan en sus labores de custodia.
Se hace
necesario tener en cuenta que quienes cuidan se hallan
sometidos a grandes presiones psicológicas, pues de su labor depende que
no haya una fuga o que se percate a tiempo de un eventual operativo de rescate o
que se deteriore la salud del retenido, etc., por eso ellos son muy vulnerables
bien a ceder en los deseos de libertad de la víctima o negociar su liberación
por aparte y ha volverse irritables frente a los secuestrados.
Dentro de
las organizaciones dedicadas a secuestro generalmente hay grupos de
secuestradores, unos menos malos a los que Emilio Meluk llama “Blandos” y
unos malísimos a los que el mismos autor llama “Duros”.
Los
primeros se caracterizan por tener la capacidad de identificarse con los
sufrimientos de las víctimas.
Los
“Duros” por el contrario se mantienen distantes de las víctimas y pueden
calificarse como déspotas y ásperos y su preocupación por el estado del
secuestrado es impersonal, lo hacen movidos por la responsabilidad que tienen
ante los superiores jerárquicos dentro de la banda. Lastimosamente las
experiencias de secuestros revelan que existen en mayor número los llamados
“Duros”.
Las víctimas
consiguen identificar a los hombres duros y blandos y muchas veces logran
algunas concesiones como alimentos,
información y algunas comodidades, pero por la estructura misma de una
organización difícilmente se logra la libertad a través de ellos pues hay un
gran respeto entre las jerarquías y el temor a una represalia impide que se
pueda dar ventajas para una fuga o liberación.
El
delincuente sabe que al secuestrar un miembro de una familia se logra vulnerar a
todo el grupo. La desmembración de la misma, la espera de pruebas de
supervivencia y los silencios largos de los secuestradores, generan un gran
desgaste emocional, esto puede conducir a que se produzcan grandes conflictos
internos en la familia. El problema de la “no total vulnerabilidad” de la
familia, como cuando esta pone en conocimiento de las autoridades la ocurrencia
de esa retención tiene un doble temor a que están sujetos, el primero es a una
reacción unilateral por parte de la banda que ponga en peligro la vida del ser
querido y por otro a que un eventual operativo de rescate termine en un
desenlace fatal, en cuyo caso crearía dentro del núcleo familiar una serie de
conflictos y reproches que deteriorarían su estructura.
En
nuestro país el secuestrador a diferencia de lo que sucede con otros fenómenos
delictuales, no es la persona desesperada que halla casualmente en el secuestro
una solución a una situación política o económica, estos casos son
excepcionales, por el contrario quien ejecuta un secuestro, estudia con
detenimiento a la potencial víctima, organiza la operación midiendo los
posibles riesgos de ese acto. Según Knutson.
Los
secuestradores se podrían dividir así: “Los renuentes a secuestrar y los que
lo hacen deliberadamente” (Knutson,
J. N). Para
este autor los primeros son aquellos que no realizan procesos psicológicos para
deshumanizar a la víctima. Siempre ven a los secuestrados como personas con
miedo, desamparados, los ven como seres humanos; padres de familia, hijos,
hermanos, etc., este rol de plagiarios lo asumen con un gran costo psicológico,
serían capaces de asesinar a la víctima en caso de escape o rescate.
Generalmente
estas personas no tienen antecedentes judiciales y los segundos los que
secuestran deliberadamente planean la operación con detenimiento y durante el
secuestro, actúan con el ánimo de ejercer un control físico y mental en la víctima
y su familia. Son perfectamente capaces de sacrificar a la víctima sin mayor
reato de conciencia, son expertos estudiosos del secuestrado y mediante la
introspección psicológica, captan las debilidades del retenido. Son dados a un
cálculo racional que va dirigido a la obtención del pago del rescate. Después
de concluido el secuestro lo borra de su memoria, no se deja perturbar por esta
experiencia. Según Knutson “Estas personas presentan características de
psicopatología, esto se muestra en la falta de afectos y de reciprocidad con
los demás”. (Knutson, J.N). Para Emilio Meluk sólo pocos secuestradores son
a su juicio verdaderos Psicópatas pues “la mayoría poseen algún grado de
afecto y alguna conciencia del grado de reciprocidad en las relaciones con sus
semejantes”. (Meluk,
Emilio). Para el autor de la presente tesis de grado es más
realista el concepto de Knutson pues quien es capaz de arrebatar, sustraer a un
ser humano de su núcleo familiar y social, la mayoría de veces ejecutando
operaciones armadas que ponen en peligro la misma vida de él y la víctima, sin
tener en cuenta los afectos, las súplicas del secuestrado y la familia y
trasmitiendo entre ellos información falsa sólo para lograr la desesperación
del uno y de los otros y muchas veces intrigando sobre la falta de interés de
la familia, estos seres sólo demuestran su falta de sensibilidad humana, su
carencia de afectos y solidaridad, por lo tanto si merecen el calificativo de
Psicópatas que el ya mencionado autor dio.
8.3 EL
SECUESTRADO – FASE PREVIA LAS AMENAZAS
Podríamos
dividir la experiencia del secuestro tanto para la víctima como su familia en
dos etapas fundamentales, la primera es el cautiverio que comienza con la misma
operación de secuestro y la segunda etapa es la liberación o regreso a su vida
familiar. Pero es no menos traumática la de las amenazas de un secuestro.
Las víctimas
de secuestro son generalmente “tomadas por sorpresa”, los delincuentes no
suelen amenazar antes de ejecutar el hecho; tratan ellos de que el factor
sorpresa juegue a su favor quienes si son amenazados tratan de cuidarse y
efectivamente lo hacen lo que sucede es que la capacidad operativa de los
secuestradores es los suficientemente funcional, lo que garantiza el éxito de
la operación de secuestro, muy a pesar de todas las precauciones que se tomen.
Las
sospechas de un riesgo de secuestro generalmente vienen de advertencias de
familiares o amigos o en la idea de ser perseguido por alguien o bien por la
situación de orden público reinante en la región donde se habita o se posee
alguna finca. Pero todo no dejan de ser señales imprecisas y probabilidades que
se ven a veces como lejanas.
La mayoría
de personas que han sido secuestradas, habían vivido el riesgo del secuestro como algo lejano y externo, y la
aceptación de su certeza sólo la llegaron a sentir durante el cautiverio,
cuando el hecho ya se había consumado.
Frente al
riesgo del secuestro se presenta, en los plagiados una negación psicológica de
esa posibilidad, que se manifiesta en el hecho de desestimar las advertencias
hechas y los indicios o sospechas de que podía ocurrir, esconden la posibilidad
real de la ocurrencia del hecho, esta negación deberá entenderse “como el
conjunto de maniobras adaptativas y defensivas inconscientes que le permiten a
la persona anular la percepción de los eventos externos dolorosos para el yo.
Constituyen la existencia del rechazo de los doloroso en el mundo de afuera”.(Brainsky,
Samuel).
Los
amenazados de secuestro padecen un sufrimiento permanente que se fundamenta en
la posibilidad de ser retenidos en contra de su voluntad en cualquier momento y
separados de su medio, su familia, su trabajo y sus amigos... para la familia
ese padecimiento se da porque puede ser desmembrada definitiva o temporalmente
por la sustracción de uno de sus miembros. La negación, el aislamiento y la
involución social, como mecanismos de protección ante esta amenaza, suelen ser
las respuestas inmediatas en muchos casos.
Ante esta
situación los vínculos familiares habituales se transforman en relaciones frías
y terminan en una rutinización de cuidados y preocupaciones que desespera a
todos los miembros, pues algunos tal vez los más jóvenes se alejan de esas
normas rígidas de seguridad, generando fuertes conflictos entre los integrantes
del núcleo.
Los diálogos o charlas familiares terminan circunscribiéndose a una preocupación obsesiva y monotemática sobre la posibilidad de un secuestro.
8.4 LA
CAPTURA DE LA VÍCTIMA
Este es
quizás el momento más crítico de un secuestro porque además de ser el inicio
del mismo, de sorprender a la víctima y su familia también se pone en peligro
la vida de quien se ha retenido y el temple y manejo que le den los captores a
esta situación.
En muchos
casos quizás la mayoría de ellos, la operación del secuestro no termina en
acción violenta físicamente en contra de los retenidos o de quienes los acompañan
en ese crítico momento, mediante el uso de armas se obliga a acompañar a los
captores, la mayoría de casos sin disparar ni un solo tiro.
Psicológica
y emocionalmente si es una acción revestida
de violencia, pues por lo sorpresiva , produce confusión en la víctima y sus
acompañantes, por lo aparatoso, espectacular y efectista del momento de la
captura ya que el despliegue de armas y fuerza impresiona no sólo a quien cae
como víctima sino también a aquellos que muchas veces por casualidad
presencian el hecho, (como quien simplemente transita por el lugar).
En la víctima
aparece como primera impresión el riesgo real a morir en la misma operación de
captura, claro que es un miedo que lo acompañará siempre a pesar del buen
trato que le pudieran suministrar sus captores, es más; perdurará aún después
de regresar a la libertad.
Este
miedo es manejado por los secuestradores para mantener a la víctima dominada y
dócil, pues quien es secuestrado nunca recibió ningún adiestramiento para una
situación tan tensa y difícil.
“Durante la operación de secuestro los procesos de pensamiento tienden a paralizarse. El análisis objetivo de lo que sucede en el entorno, el ordenamiento de ideas y la selección de respuestas posibles para ejecutar en el momento se sustituyen por impulsos gobernados por el miedo y el terror”. (Meluk, Emilio).
Aparecen
durante este trance respuestas automáticas y caóticas que no tienen nada que
ver con lo que esta sucediendo. Prima la parálisis y el estupor, estas son tal
vez las respuestas más comunes en estos casos de secuestro esto hace que las
personas víctimas se conviertan en seres muy manejables.
Casi
todas las víctimas de secuestro se informan inmediatamente de lo que está
ocurriendo o toman conciencia de los hechos, sólo en unos pocos casos a pesar
de ser informados por sus captores acerca de sus propósitos sólo algunos días
después logran tomar conciencia y asimilar que se trata de un secuestro. Los
que reaccionan más rápido optan por dialogar con los secuestradores sobre las
razones de la retención y entran ellos mismos a negociar o a tratar de hacerlo.
La reacción
de la víctima es un aspecto muy importante pues así ella no queda sumida por
largo tiempo en la incertidumbre ansiosa de saber qué paso.
8.5 EL
CAUTIVERIO
La víctima
de este flagelo, comienza después de la operación de su captura el cautiverio
propiamente dicho, son hechos inesperados, momentos inciertos en espacios
desconocidos. De aquí en adelante le van a invadir sensaciones de ansiedad y
miedo, cuya intensidad oscila entre momentos de confusión severa, llantos
prolongados, desesperanza profunda y alteraciones graves del sueño. Este es el
síntoma más evidente de que se tiene ansiedad y miedo. Este fenómeno se
presenta en todos los casos de cautiverio, con algunas variaciones
independientemente del lugar donde se le ha retenido, del trato al que se le
somete o el tiempo que dure la retención, en muchos casos se presentan
alteraciones graves del sueño, que se manifiestan en terribles pesadillas en
las que son asesinados, torturados y maltratados.
“...Se
ha observado un caso en que en lugar del insomnio se presentó un estado de
hipersomnia o exceso en el dormir, durante los tres meses del secuestro. Ocurrió
en una joven de veinte años que paso de un ciclo regular de
7 –8 horas de dormir en condiciones normales a uno de 11 – 12 horas
diarias. Lo cual puede considerarse atípico, resultado del mayor sentimiento de
impotencia e indefensión frente a los plagiarios, el cual enfrentó negando la
situación en que se encontraba”. (Meluk,
Emilio).
El
insomnio se presenta como una respuesta a la amenaza contra la vida la cual
invita a estar alerta, el sueño por el contrario es un estado de relajación.
El insomnio empieza a disminuir en intensidad en la medida que se conoce los hábitos
y comportamientos de las personas que vigilan, midiendo la veracidad de las
amenazas y calculando los riesgos y se adapta a la alimentación y a la
vivienda.
El
insomnio salvo contadas excepciones nunca desaparece, lo que sucede es que se
mantiene con algunas fluctuaciones, determinadas por la ocurrencia de nuevos
hechos como la cercanía de las autoridades o una larga jornada a pie
generalmente por seguridad.
Entre
algunos autores en psicología existe la polémica si lo determinante es la
personalidad anterior de la víctima o la forma como se desenvuelve el
cautiverio, creo que las dos deben complementarse en el sentido que está
demostrado que aquellas retenciones marcadas por la sevicia, violencia o
crueldad producen reacciones adversas y paralizantes en las víctimas,
independientemente de factores como el sexo, la edad y lugar de cautiverio, como
tampoco se puede desconocer que personas que han recibido algún adiestramiento
para vivir situaciones extremas como estado de guerra por ejemplo reaccionan
favorablemente en estos casos.
Las
situaciones o condiciones físicas del cautiverio, como la alimentación o el
lugar ya sea a la intemperie o en sitio muy estrecho, donde se bañan o hacen
sus necesidades fisiológicas, el tener que permanecer encadenado o amarrado a
la cama o a un árbol , el que hagan simulacros de fusilamiento o las amenazas
constantes determinan la aparición o intensificación de ansiedad y miedo en la
víctima.
Al parecer la edad en la víctima influye en la manera en que se afronta el secuestro, las personas mayores presentan aparentemente menos signos de miedo y ansiedad, controlan mejor sus estados emocionales y poseen mayor tolerancia para esperar que la situación se resuelva de cualquier manera. En cambio los jóvenes, son presas más fáciles de la ansiedad, el miedo la desesperanza, son intolerantes, se produce en ellos reacciones intempestivas como retar violentamente a sus captores aún arriesgando su propia vida, como son más fuertes ante el ultraje que representa el cautiverio reaccionan con mayor energía. “es como si los años enseñaran a tolerar las injusticias”. (Constain, Mosquera Cesar)
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Jueves, 15 de Marzo de 2007